Textos seleccionados

AUTOPSICOGRAFÍA

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
Que hasta finge que es dolor
El dolor que de veras siente.

Y quienes leen lo que escribe,
Sienten, en el dolor leído,
No los dos que el poeta tuvo
Sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
Distrayendo a la razón,
Ese tren sin destino
Que se llama corazón.

ODA

Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Por eso la luna brilla toda
En cada lago, porque alta vive.
 

LISBOA REVISITED (versión 1926)

Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
Con angustia del que tiene hambre de carne anhelo
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido…
Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto
de quien duerme inquieto, a medias soñando.

Me cerraron todas las puertas abastractas y necesarias.
Corrieron cortinas ante todas las hipótesis que podría
ver en la calle.
En el callejón que yo encontré no hay el número de
puerta que me dieron.

Desperté a la m isma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida tan sólo deseada me harta -hasta esa vida…
Comprendo a intervalos inconexos;
escribo en los lapsos de cansancio;
y es tedio hasta el tedio lo que me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
no sé qué islas del Sur imposible me aguardan, náufrago;
o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.

No, no sé esto, ni otra cosa, ni cosa alguna…
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
en los campos últimos del alma, donde memoro sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de las florestas lejanas
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haber sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.

Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida…
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí…
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,
y aquí volví a volver y volver,
y aquí de nuevo he vuelto a volver?
¿O todos los Yo que aquí estuve o estuvieron somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que está fuera de mí?

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por salones de recuerdos
con ruidos de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir…

Otra vez vuelvo a verte
sombra que pasa a través de sombras y brilla
un momento a una luz fúnebre desconocida
y entra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos oír…

Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!

TABAQUERÍA

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Fuera de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de los millones del mundo que nadie sabe quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por gente,
una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas por debajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humanidad en las paredes y las canas de los hombres,
con el destino guiando la carroza de todo por la carretera de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiese la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si fuese a morir
y no tuviese más hermandad con las cosas
que una despedida, vueltos esta casa y este lado de la calle
la hilera de vagones de un tren, y una pitada de despedida
dentro de mi cabeza,
y un sacudón de mis nervios y un crujido de huesos al arrancar.
Hoy estoy perplejo, como quien ha pensado y creído y olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la tabaquería del otro lado de La calle, como cosa real por fuera,
y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fracasé en todo.
Como me hice ningún propósito, quizá todo fuera nada.
De la enseñanza que me dieron
escapé por la ventana del fondo de la casa.
Fui al campo con grandes propósitos
pero solo encontré hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual a los demás.

Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué sé yo de lo que seré, yo que no sé qué soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero si pienso que soy tantas cosas!
¡Y tantos piensan que son lo mismo que no puede haber tal cantidad!

¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo,
y tal vez la historia no señale ni a uno,
ni de tantas conquistas futuras quede más que estiércol.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos chiflados por tantas certezas!
Yo que no tengo ninguna certeza, ¿Estoy menos o más errado?

No, ni en mí…
¿En cuantas buhardillas y no-buhardillas del mundo
sueñan a esta hora genios-para-sí-mismos?
¿Cuántas aspiraciones nobles y altas y lúcidas
-sí, verdaderamente nobles y altas y lúcidas,
y quién sabe si no realizables-
no verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de nadie?
El mundo es del que nace para conquistarlo
y no de quien sueña que puede conquistarlo, por mucha razón que tenga.
He soñado más de lo que soñó Napoleón.
He apretado contra el pecho hipotético más humanidad que Crísto,
He hecho en secreto filosofías que no escribió ningún Kant.
Pero soy, y acaso siempre seré, el de la buhardilla;
siempre seré el que nació para eso;
siempre seré solo el que tenía cualidades;
siempre seré el que esperó que le abriesen la puerta ante una pared sin puerta,

Y cantó la copla del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo ciego.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámeme la naturaleza sobre la cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que me revuelve el pelo,
y lo demás que venga si viene o tiene que venir, o que no venga.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos el mundo antes de levantarnos de la cama;
pero despertamos y el mundo es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de la casa y es la tierra entera,
más el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.
(¡Come chocolates, pequeña;
come chocolates!
Mira que no hay en el mundo más metafísica que los chocolates.
Mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá yo pudiese comer chocolates tan de verdad como los comes tú!
Pero yo pienso y, al quitar el papel de plata, que es hoja de estaño,
tiro todo al suelo, como he tirado la vida.)

Pero de la amargura de lo que no seré nunca queda al menos
la caligrafía rápida de estos versos,
cuarteado pórtico hacia lo Imposible.
Pero al menos me consagro un desprecio sin lágrimas,
noble al menos en el amplio gesto con que arrojo
la ropa sucia que soy, sin papel, al curso de las cosas,
y me quedo en casa sin camisa.

Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo los comercios, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo los vestidos entre vivos que se cruzan,
veo los muebles que también existen,
y todo me pesa como una condena al destierro,
y todo es extranjero, como todo.

Viví, estudié, amé y hasta crecí,
y hoy no hay mendigo al cual no envidie sólo porque no es yo.
Le miro a cada uno los andrajos y las llagas y la mentira,
y pienso: quizá nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni creído
(porque es posible hacer la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
quizás hayas existido apenas como una lagartija a la que cortan el rabo
y es rabo meneándose más acá del lagarto.
Hice de mí lo que no supe,
y lo que podía hacer de mí no lo hice.
El disfraz que me puse estaba equivocado.
Pronto me tomaron por quien no era, y por no
desmentirlo me perdí.
Cuando quise quitarme la máscara
estaba pegada a la cara.
Cuando la quité y me miré al espejo
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el disfraz que no me había quitado.
Arrojé la máscara y dormí en el guardarropa
como un perro que la gerencia tolera
porque es inofensivo.
Y voy a escribir esta historia para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién me diera encontrarte como cosa que yo hiciese,
en vez de quedarme siempre frente a la Tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como si fuera la alfombra con que tropieza un borracho
o una esterilla que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el dueño de la Tabaquería sale a la puerta y se queda en la puerta.
lo miro con la incomodidad de la cabeza mal colocada
y con la incomodidad del alma que está malentendiendo.

Morirá él y moriré yo.
Él dejará el cartel y yo dejaré versos.
Llegado un tiempo morirá el cartel también, y también los versos.
Tiempo después morirá la calle donde estaba el cartel
y la lengua en que fueron escritos los versos.
Después morirá el planeta giratorio en donde había pasado todo esto.
En otros satélites de otros sistemas algo así como gente
seguirá haciendo algo así como versos y viviendo debajo de algo así como carteles.

Siempre una cosa frente a otra,
siempre una cosa tan inútil como otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan cierto como el sueño del misterio de la superficie,
siempre esto o siempre lo otro o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre entra en la Tabaquería
y la realidad plausible cae de pronto sobre mí.
Me incorporo a medias, enérgico, convencido, humano,
para tratar de escribir estos versos en que digo lo contrario.
Enciendo un cigarrillo mientras pienso en escribirlos
y en el cigarrillo saboreo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como un trayecto propio
y gozo, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es consecuencia de estar de mal humor.
Después me reclino en la silla
y sigo fumando.
Mientras el destino me lo conceda, seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Voy hasta la ventana.
El hombre sale de la Tabaquería.
Ah, lo conozco: es ese Esteves sin metafísica.
(El dueño de la Tabaquería sale a la puerta.)
Como por instinto divino Esteves se gira y me ve.
Me saluda con un gesto, yo le grito ¡Chau, Esteves!, y el universo
se me reconstruye sin ideal ni esperanza, y el dueño de la Tabaquería sonríe.

 

ANIVERSARIO

En el tiempo en que festejaban el día de mi cumpleaños,
yo era feliz y nadie estaba muerto.
En mi antigua casa, hasta cumplir años era una tradición de hace siglos,
y la alegría de todos, y la mía, armonizaba con una religión cualquiera.
En el tiempo en que festejaban el día de mi cumpleaños
yo tenía la gran salud de no percibir ninguna cosa,
de ser inteligente entre la familia,
y de no tener las esperanzas que los otros tenían en mí.
Cuando llegué a tener esperanzas, ya no sabía tener esperanzas.
Cuando llegué a tener la vida, perdí el sentido de la vida.
Si lo que fui de supuesto en mí mismo,
lo que fui de corazón y parentesco,
lo que fui de fiestas de media provincia,
lo que fui de ámenme y soy niño,
lo que fui -¡ay, Dios mío! Lo que sólo hoy sé que fui…
A qué distancia…
(ni lo encuentro)
¡El tiempo en que festejaban el día de mi cumpleaños!
Lo que ahora soy es como la humedad en el corredor final de la casa,
poniendo espigas en las paredes…
Lo que ahora soy (y la casa de los que me amaron tiembla a través de mis lágrimas),
lo que ahora soy es haber vendido la casa,
es haber muerto todos,
es sobrevivir a mí mismo como un fósforo frío…
En el tiempo en que festejaban mi cumpleaños…
¡Qué mi amor, como una persona, ese tiempo!
Deseo físico del alma de encontrarse allí otra vez,
por un viaje metafísico y carnal,
como una dualidad de yo para mí…
¡Comer el pasado con pan de hambre, sin tiempo de mantequilla en los dientes!
Veo todo otra vez con una nitidez que me ciega para lo que hay aquí…
La mesa puesta con más lugares, con mejores diseños en la loza, con más vasos,
la alacena con muchas cosas -dulces, frutas, el resto en la sombra debajo del alzado-,
las tías viejas, los primos diferentes, y todo era por mi causa,
en el tiempo en que festejaban el día de mi cumpleaños…
¡Deténte, corazón!
¡No pienses! ¡Deja el pensar en la cabeza!
¡Oh, Dios mío, Dios mío, Dios mío!
Hoy ya no cumplo años.
Duro.
Se me suman los días.
Seré viejo cuando lo sea.
Nada más.
¡Rabia de no haber traído el pasado guardado en el bolsillo!
¡El tiempo en que festejaban el día de mi cumpleaños…
 

El misterio de las cosas, ¿dónde está?

¿Dónde está el que no aparece
Por lo menos para mostrarnos que es misterio?
¿Que sabe el río y que sabe el árbol?
Y yo, que no soy más que ellos, ¿qué se´de eso?
Siempre que miro las cosas y pienso en lo que los
hombres piensan de ellas,
Río como un riacho que suena fresco en una piedra.

Porque el único sentido oculto de las cosas
Es no tener sentido oculto.
Es más extraño que todas las extrañezas
Y que los sueños de todos los poetas
Y los pensamientos de todos los filósofos
Que las cosas sean realmente lo que parecen ser
Y no haya nada que comprender.

Sí, he aquí lo que mis sentidos aprendieron solos:
Las cosas no tienen significación: tienen existencia.
Las cosas son el único sentido oculto de las cosas.

ODA TRIUNFAL

A la dolorosa luz de las grandes lámparas eléctricas de la fábrica
tengo fiebre y escribo.
Escribo rechinando los dientes, una fiera ante esta belleza,
ante esta belleza totalmente desconocida por los antiguos.

¡Oh ruedas, oh engranajes, r-r-r-r-r-r-r-r eterno!
¡Fuerte espasmo retenido de los maquinismos furiosos!
¡Furiosos fuera y dentro de mí
por todos mis nervios disecados,
por todas las papilas de todo aquello con que siento!
Tengo secos los labios, ¡oh grandes ruidos modernos!
De oíros demasiado cerca,
y me arde la cabeza de querer cantaros con el exceso
de expresión de todas mis sensaciones,
con un exceso contemporáneo de vosotras, ¡oh máquinas!

Febril y mirando los motores como a una Naturaleza tropical
-¡grandes trópicos humanos de hierro y fuego y fuerza!-
canto, y canto al presente, y también al pasado y al futuro,
porque el presente es todo el pasado y todo el futuro
y están Platón y Virgilio dentro de las máquinas y de las luces eléctricas
sólo porque hubo antaño y fueron humanos Virgilio y Platón,
y pedazos de Alejandro Magno tal vez del siglo cincuenta,
átomos que han de tener fiebre en el cerebro del Esquilo del siglo cien,
andan por estas correas de transmisión y por esos émbolos y por estos volantes
rugiendo, rechinando, rumoreando, atronando, ferrando,
haciéndome un exceso de caricias en el cuerpo con una sola caricia en el alma.

¡Ah, poder expresarse todo como un motor se expresa!
¡Ser completo como una máquina!
¡Poder ir por la vida triunfante como un automóvil último modelo!
¡Poder, al menos, penetrarme físicamente de todo esto,
rasgarme todo, abrirme completamente, volverme poroso
a todos los perfumes de aceites y calores y carbones
de esta flora estupenda, negra, artificial e insaciable!

¡Fraternidad con todas las dinámicas!
¡Promiscua furia de ser parte-agente
del rodar férreo y cosmopolita
de los trenes estrenuos,
de la tarea de transportar cargas de navíos,
del giro lento y lúbrico de los guindastes,
del tumulto disciplinado de las fábricas,
y del casi-silencio susurrante y monótono de las correas de transmisión!

¡Horas europeas, productoras, entablilladas
entre maquinismos y quehaceres útiles!
¡Grandes ciudades paradas en los cafés,
en los cafés -oasis de inutilidades ruidosas-
donde se cristalizan y precipitan
los rumores y los gestos de lo Útil
y las ruedas dentadas y las chumaceras de lo Progresivo!
¡Nueva Minerva sin alma de los muelles y estaciones!
¡Nuevos entusiasmos con la estatura del Momento!
¡Quillas de placas de hierro sonriendo arrimadas a las dársenas
o en seco, erguidas, en los planos inclinados de los puertos!
¡Actividad internacional, transatlántica, Canadian-Pacific!
¡Luces y febriles pérdidas de tiempo en los bares, en los hoteles,
en los Longchamps y en los Derbies y en los Ascots,
y Picadillies y Avenues de l’Opera que entran
por dentro de mi alma!

¡Hola, calles, hola, plazas, hola, la foule!
¡Todo lo que pasa, todo lo que se para ente los escaparates!
¡Comerciantes; vagabundos; escrocs exageradamente bien vestidos;
miembros evidentes de clubes aristocráticos;
escuálidas figuras ambiguas; padres de familia vagamente felices
y paternales hasta en la cadena de oro que atraviesa el chaleco
de bolsillo a bolsillo!
¡Todo lo que pasa, todo lo que pasa y nunca pasa!
¡Presencia excesivamente acentuada de las cocottes,
banalidad interesante (¡y quién sabe qué otra cosa por dentro!)
de las burguesitas, madre e hija, por lo general,
que andan por la calle con cualquier motivo;
la gracia femenina y falsa de los pederastas que pasan, lentos;
y toda la gente sencillamente elegante que pasea y se exhibe
y luego resulta que tienen un alma dentro!

(¡Ah, cómo desearía ser el souteneur de todo esto!)
¡La maravillosa belleza de las corrupciones políticas,
deliciosos escándalos financieros y diplomáticos,
agresiones políticas en las calles,
y de vez en cuando el cometa de algún regicidio
que ilumina de Prodigio y Fanfarria los cielos
usuales y lúcidos de la Civilización cotidiana!

¡Noticias desmentidas de los periódicos,
artículos políticos insinceramente sinceros,
noticias passez à-la-caisse, grandes crímenes-
de los que dos columnas pasan a la segunda página!
¡El olor fresco a tinta tipográfica!
¡Los carteles pegados hace poco, mojados!
¡Vients-de-paraître amarillos con una cinta blanca!
¡Cuánto os amo a todos, a todos, a todos,
cuánto os amo de todas las maneras,
con los ojos y con el oído y con el olfato
y con el tacto (¡lo que representaría para mí tocaros!)
y con la inteligencia como una antena a la que hacéis vibrar!
¡Ah, de qué manera todos mis sentidos se encelan por vosotros!

¡Abonos, trilladoras a vapor, progresos de la agricultura!
¡Química agrícola, y el comercio casi una ciencia!
¡Oh muestrarios de los viajantes-de-comercio,
de los viajantes-de-comercio, caballeros-andantes de la Industria,
prolongaciones humanas de las fábricas y de las oficinas tranquilas!

¡Oh telas en los escaparates, oh maniquíes, oh últimos figurines!
¡Oh artículos inútiles que todos quieren comprar!
¡Hola, grandes almacenes con varias secciones!
¡Hola, anuncios luminosos que se ven, parpadean y desaparecen!
¡Hola, todo aquello con lo que hoy se construye, con lo que hoy se es diferente de ayer!
¡Eh, cemento armado, hormigón, técnicas nuevas!
¡Progresos de los armamentos gloriosamente mortíferos!
¡Blindajes, cañones, ametralladoras, submarinos, aeroplanos!

Os amo a todos, a todo, como una fiera.
Os amo carnívoramente,
perversamente y enroscando mi mirada
en vosotras, ¡oh cosas grandes, banales, útiles, inútiles,
oh cosas modernísimas,
oh mis contemporáneas, forma actual y próxima
del sistema inmediato del Universo!
¡Nueva Revelación metálica y dinámica de Dios!
¡Oh fábricas, oh laboratorios, oh music-halls, oh Luna Parks,
oh acorazados, oh puentes, oh muelles flotantes,
en mi mente turbulenta y encandecida
os poseo como a una mujer hermosa,
os poseo totalmente como a una mujer hermosa a la que no se ama,
a la que se encuentra por casualidad y nos parece interesantísima!

¡Eh-ah-ho, fachadas de los grandes almacenes!
¡Eh-ah-ho, ascensores de los grandes edificios!
¡Eh-ah-ho, reorganizaciones ministeriales!
¡Parlamentos, políticas, secretarios de presupuestos,
presupuestos falsificados!
(Un presupuesto es tan natural como un árbol
y un parlamento tan bello como una mariposa.)

¡Hola, interés por todo en la vida,
porque todo es la vida, desde los brillantes en los escaparates
hasta la noche, puente misterioso entre los astros
y el mar antiguo y solemne, bañando las costas
y siendo misericordiosamente el mismo
que era cuando Platón era verdaderamente Platón
en su presencia verdadera y en su carne con el alma adentro,
y hablaba con Aristóteles, que no había de ser su discípulo!

Yo podría morir triturado por un motor
con el sentimiento de deliciosa entrega de una mujer poseída.
¡Arrójenme dentro de los altos hornos!
¡Tírenme debajo de los trenes!
¡Azótenme a bordo de los barcos!
¡Masoquismo a través de los maquinismos!
¡Sadismo de no sé qué moderno y yo y barullo!
¡Aupa, jockey que has ganado el Derby,
morder tu cap de dos colores!

(¡Ser tan alto que no pudiese entrar por ninguna puerta!
¡Ah, mirar es para mí una perversión sexual!)

¡Eh, eh, eh, catedrales!
¡Dejad que me parta la cabeza contra vuestras esquinas,
y que sea levantado de la calle lleno de sangre
sin que nadie sepa quién soy!

¡Oh tranvías, funiculares, metropolitanos,
restregaos conmigo hasta el espasmo!
¡Huy, huy, ay, ay, ay!
¡Soltadme carcajadas en plena cara,
oh automóviles atestados de parranderos y de putas,
oh multitudes cotidianas ni alegres ni tristes de las calles,
río multicolor anónimo donde no puedo bañarme como querría!
¡Ah, qué vidas tan complejas, qué de cosas por todas las casas de todo esto!
¡Ah, saberse la vida de todos, los apuros de dinero,
los disgustos domésticos, los vicios que no se sospechan,
los pensamientos que cada uno tiene a solas en su cuarto
y los gestos que hace cuando nadie lo puede ver!
¡No saber todo esto es ignorarlo todo, oh rabia!,
oh rabia que como una fiebre y un celo y un hambre
me consume el rostro y me agita a veces las manos
en crispaciones absurdas justo en medio de las turbas
en las calles llenas de encontronazos!

¡Ah, y la gente ordinaria y sucia, que parece siempre la misma,
que dice palabrotas como palabras corrientes,
cuyos hijos roban a las puertas de los ultramarinos,
y cuyas hijas a los ocho años -¡y esto me parece hermoso y me gusta!-
masturban a hombres de aspecto decente en el hueco de la escalera!
¡Ah, la gentuza que anda por los andamios y se va a casa
por callejas casi irreales de estrechez y podredumbre!
¡Maravillosa ralea humana que vive como los perros,
que está por debajo de todos los sistemas morales,
para quien no ha sido hecha ninguna religión,
creado ningún arte,
destinada ninguna política!
¡Cuánto os amo a todos, porque sois así,
ni inmorales de tan bajos que sois, ni buenos ni malos,
inalcanzables por todos los progresos,
fauna maravillosa del fondo del mar de la vida!

(En la noria del huerto de mi casa
el burro anda dando vueltas, dando vueltas,
y el misterio del mundo es de este tamaño).
Límpiate el sudor con el brazo, trabajador descontento.
La luz del sol sofoca el silencio de las esferas
y todos hemos de morir,
¡oh pinares sombríos del crepúsculo,
pinares en los que mi infancia era otra cosa
de lo que ahora soy…!

Pero, ¡ah, otra vez la rabia mecánica constante!
Otra vez la obsesión agitada de los autobuses.
Y otra vez la furia de estar yendo al mismo tiempo dentro de todos los trenes
de todas las partes del mundo,
de estar diciendo adiós desde la borda de todos los navíos,
que a estas horas están levando anclas o alejándose de los muelles.
¡Oh hierro, oh acero, oh aluminio, oh chapas de hierro curvado!
¡Oh muelles, oh puertos, oh convoyes, oh guindastes, oh remolcadores!

¡Eh-ah grandes desastres de trenes!
¡Eh-ah hundimientos de galerías de minas!
¡Eh-ah naufragios deliciosos de los grandes trasatlánticos!
¡Eh-ah revoluciones aquí, allá, acullá,
alteraciones de constituciones, guerras, tratados, invasiones,
ruido, injusticias, violencias, y tal vez en breve el fin,
la gran invasión de los bárbaros amarillos por Europa,
y otro Sol en el nuevo Horizonte!

¡Qué importa todo esto, pero qué importa todo esto
al fúlgido y rubro ruido contemporáneo,
al ruido cruel y delicioso de la civilización de hoy!
Todo esto apaga todo, salvo el Momento,
el Momento de tronco desnudo y caliente como un fogonero,
el Momento estridentemente ruidoso y mecánico,
el Momento, dinámico pasaje de todas las bacantes
del hierro y del bronce y de la borrachera de los metales.

¡Ea trenes, ea puentes, ea hoteles a la hora de cenar,
ea aparatos de todas las clases, férreos, brutos, mínimos,
instrumentos de precisión, aparatos de triturar, de cavar,
industrias, brocas, rotativas!
¡Ea! ¡ea! ¡ea!
¡Ea electricidad, nervios enfermos de la Materia!
¡Ea telegrafía sin hilos, simpatía metálica de lo Inconsciente!
¡Ea túneles, ea canales, Panamá, Kiel, Suez!
¡Ea todo el pasado dentro del presente!
¡Ea todo el futuro ya dentro de nosotros! ¡Ea!
¡Ea, ea, ea!
¡Frutos de hierro y útiles del árbol-fábrica cosmopolita!
¡Ea, ea, ea! ¡ea-ho-ho-ho!
No sé que existo para dentro. Giro, doy vueltas, me ingenio.
Me enganchan en todos los trenes.
Me izan en todos los muelles.
Giro dentro de las hélices de todos los barcos.
¡Ea! ¡Hurra! ¡Ea!
¡Ea! ¡Soy el calor mecánico y la electricidad!
¡Ea! ¡Y los rails y las casas de máquinas y Europa!
¡Ea y hurra por mi-todo y en todo, máquinas trabajando, ea!

¡Saltar con todo por encima de todo! ¡Aúpa!

¡Aúpa, aúpa, aúpa, aúpa!
¡Hala! ¡Hola! ¡Ho-o-o-o-o!
¡Z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z-z!

¡Ah, no ser yo todo el mundo y todos los sitios!

http://www.youtube.com/watch?v=t7H3dV2EGls

 

PASAJES DEL “LIBRO DEL DESASOSIEGO”,

Si un día me sucediera que, con una vida firmemente segura,
pudiera libremente escribir y publicar, sé que tendría
nostalgia de esta vida insegura en la que apenas escribo y no
publico. Tendría nostalgia, no únicamente porque esa vida
frustrada es pasado y vida que ya nunca tendré, sino porque
hay en cada tipo de vida una cualidad propia y un placer
peculiar, y cuando se pasa a otra vida, aunque sea mejor, dicho
placer peculiar resulta menos dichoso, esa cualidad propia
es menos buena, dejan de existir, y notamos una carencia.
Si algún día me sucediese que pudiera llevar al buen calvario
la cruz de mi intención, encontraría un calvario en ese
buen calvario, y tendría nostalgia de cuando era fútil, vulgar
e imperfecto. De algún modo sería menos.
Tengo sueño. Ha sido un día pesado de trabajo absurdo
en la oficina casi desierta. Dos empleados están enfermos y
los otros no están aquí. Estoy solo, a excepción del mozo, allá
al fondo. Tengo nostalgia de la hipótesis de poder tener un
día nostalgia, aun y así absurda.
Casi pido a los dioses que pueda ser que me mantengan
aquí, como en un cofre, defendiéndome de las amarguras y
también de las felicidades de la vida.
***
Reza por mí, y Dios tal vez exista ya que rezas por mí. En voz
muy queda, la fuente a lo lejos, la vida incierta, el humo que
deja de salir de la casona donde anochece, la memoria turbia,
el río lejano.. Déjame que duerma, déjame que olvide, señora
de los Designios Inciertos, Madre de las Caricias y de las
Bendiciones irreconciliables con su propia existencia…

***
La libertad es la posibilidad de mantenerse aislado. Eres libre
si puedes apartarte de los hombres, sin que te obligue a
recurrir a ellos la falta de dinero, o la necesidad gregaria, o el
amor, o la gloria, o la oscuridad, cosas todas ellas que no pueden
alimentarse ni del silencio ni de la soledad. Si te resulta
imposible vivir solo, es que naciste esclavo. Puedes poseer
todas las grandezas del espíritu, todas las del alma: serás un
esclavo noble, o un siervo inteligente, pero no serás libre. Y
no es que sea culpa tuya esta tragedia, porque la tragedia de
haber nacido así no es culpa tuya, sino exclusivamente del
Destino en sí. Ay de ti, sin embargo, si las presiones de la
propia vida te obligan a ser un esclavo. Ay de ti si, habiendo
nacido libre, capaz de bastarte a ti mismo y de aislarte, la
penuria te fuerza a convivir.
Esa sí es tu tragedia, la que arrastras contigo.
Nacer libre es la mayor grandeza del hombre, lo que hace
que un humilde ermitaño sea superior a los reyes, y hasta a los
mismos dioses, que se bastan a sí mismos por la fuerza, y no
por el desprecio de esta.
La muerte es una liberación, porque morir es no necesitar
del otro. El pobre esclavo se ve libre a la fuerza de sus
placeres, de sus penas, de su vida deseada y repetida. Se ve
libre el rey de sus dominios, que se negaba a dejar. Las que
derramaron amor se ven libres de los triunfos que adoraban.
Los vendedores se ven libres de las victorias a las que el destino
abocó sus vidas.
Por eso la muerte ennoblece, y viste de desconocidas galas
el pobre cuerpo absurdo. Es que allí hay un ser libre, aunque
sin haberlo querido. Es que allí no hay un esclavo, aunque
abandonase con lágrimas su condición de siervo. Como un
rey cuya pompa mayor fuera su nombre de rey, y que aun
pudiendo resultar risible como hombre, es superior como rey,
así el muerto puede ser deforme, pero es superior, puesto que
la muerte lo ha liberado.
Cierro, cansado, los postigos de mis ventanas, excluyo
el mundo y, por un momento, logro la libertad. Mañana
volveré a ser esclavo; ahora, sin embargo, solo, sin necesidad
de nadie, con el temor apenas de que una voz o de que la
presencia de alguien vengan a interrumpirme, disfruto de mi
pequeña libertad, de mis momentos de excelsitud.
En mi silla, donde me recuesto, olvido la vida que me
oprime. Nada me duele, salvo lo que ya me dolió.
***
Al final de este día queda lo que de ayer quedó y lo que de
mañana quedará: el ansia insaciable e innumerable de ser
siempre el mismo y otro.
***
Las frases que nunca escribiré, los paisajes que no podré nunca
describir, con qué claridad los dicto a mi inercia y los
describo en mi meditación cuando, recostado, no pertenezco
sino de lejos a la vida. Esculpo frases enteras, perfectas
palabra por palabra, texturas de dramas que se me narran
construidas en la mente, siento el movimiento métrico y
verbal de grandes poemas con todas sus palabras; y un gran
entusiasmo, como un esclavo al que no veo, me sigue en la
penumbra. Pero si diera un paso desde la silla donde sepulto
estas sensaciones casi perfectas hasta la mesa donde me gustaría
escribirlas, las palabras huirían; los dramas mueren, del
nexo vital que unió el murmullo rítmico no queda más que
una nostalgia alejada, unos restos de sol encima de montes
remotos, un viento que levanta las hojas junto al umbral desierto,
un parentesco nunca revelado, la orgía de los demás,
la mujer que nuestra intuición nos dice que miraría hacia
atrás y que nunca llega a existir.
Proyectos los he tenido todos. La Ilíada que compuse
tuvo una lógica estructural, una concatenación orgánica de
episodios que Homero no podía conseguir. La perfección estudiada
de mis versos por completar en palabras hace pobre
la precisión de Virgilio y deja sin vigor la fuerza de Milton.
Las sátiras alegóricas que hice excedieron todas ellas a Swift
en la precisión simbólica de las que eran perfectamente equiparables.
¡Cuántos Horacio fui, cuántos Verlaine…!
Y siempre que me levanté de la silla, donde, en verdad,
estas cosas no fueron soñadas en absoluto, viví la doble tragedia
de saberlas nulas y de saber que no todas fueron un
sueño, que algo quedó de ellas en el umbral abstracto de mi
pensamieto y de su existencia.
Fui más genio en los sueños y menos en la vida. Esta es
mi tragedia. Fui el corredor que cayó a un paso de la meta,
tras haber ocupado la primera posición durante toda la carrera.
***
Todo cuanto pensé, todo cuanto soñé, todo cuanto hice o
no hice… todo eso se irá con el otoño, como las cerillas gastadas
desparramadas por el suelo en diferentes direcciones, o
los papeles arrugados que forman falsas bolsas, o los grandes
imperios, las religiones, las filosofías con que jugaron, levantándolas,
los niños soñolientos del abismo. Todo cuanto fue
mi alma, desde las cosas a las que aspiré hasta la casa vulgar
en la que vivo, desde los dioses que tuve hasta el patrón Vasques
al que también tuve, todo se va con el otoño, todo con
el otoño, con la ternura indiferente del otoño. Todo con el
otoño, sí, todo con el otoño…
***
Organizar de tal manera nuestra vida que sea para los demás
un misterio, que quien mejor nos conozca solo nos desconozca
más de cerca que los otros. Así he esculpido mi vida,
casi sin pensar en ello, pero tanto arte instintivo he puesto en
ello que, para mí mismo, me he vuelto una no del todo clara
y nítida individualidad mía.
***
Hay días que son filosofías, que nos insinúan interpretaciones
de la vida, que son notas al margen en el libro de nuestro
universal destino. Este día de hoy lo siento como uno de esos
días.
***
Hoy es el día que es, y nunca hubo otro igual en el mundo