Tal vez se llame Lisboa

“…Por el camino, y tras mucho patear la ciudad, y tras caminarla en compañía de sus escritores, particularmente del desasosegante y siempre desasosegado Pessoa, comencé a pensar mi propio libro sobre ella. Porque escribir el libro que nos gustaría leer, es una de las principales y más poderosas razones por las que uno escribe”.

Gente_de_Lisboa

…Caminando hacia la Baixa, y pensando en mi resolución de llamar esa tarde a Tony, iba disfrutando como un turista más de la perspectiva que del Castelo de Sao Jorge se tiene desde la esquina del Teatro Nacional con la estación del Rossio; de esa disposición racional de los balcones y ventanas de los edificios de la plaza del Rossio en sí; y luego, unos metros más allá, y desde la otra acera, de la vista de las ruinas de la antigua Catedral do Carmo. Me sentía paseando por el interior de una postal, y por un instante, fugaz y nítido, pensé, con toda clarividencia, recreando la mirada en esa aparición sobrenatural que es la vieja Sé, que yo nunca sería capaz de escribir sobre esta ciudad, de “narrar” sus calles o “poetizar” sobre el venerable acto de caminarlas, ni cuando ya no estuviese en ella y la memoria me devolviese obstinada estos momentos; que no podría, al menos, describirla alcanzando a transmitir la sensación que a mí me embargaba entonces, crear desde la ficción cualquier cosa que reprodujera tal impresión, por mucho que no permitiese que la realidad me estropease un buen titular. Y me dije que mucho habría de rastrear en Camões, en Almeida Garret, en Castelo Branco, en Eça de Queiroz, en Fernando Pessoa, en José Saramago, en Agustina Bessa-Luís, en Lidia Jorge, en Lobo Antunes, o en Cardoso Pires, entre otros muchos, para dar con algún párrafo o un verso, con la imagen en mil palabras que explicase ese milagro.

Es sorprendente, llevar apenas veinticuatro horas y ya saber que este sí es mi lugar en el mundo. Qué afortunado.