Tranvía 28

…En 1837 fueron los ómnibus, vehículos grandes y pesados tirados por cuatro caballos; de ahí se pasó, en 1888, al “americano”, un pequeño tranvía tirado por mulas; pero sería en 1901 cuando el tranvía de caballos comenzó a ser sustituido por el tranvía movido mediante la electricidad: el carro eléctrico, o simplemente “eléctrico”. Toda una revolución para la época.

Los más antiguos y clásicos que todavía circulan por Lisboa, y sin los cuales está ciudad no se comprendería, son de 1947; los más modernos están fabricados por Siemens, son silenciosos y ecológicos y ofrecen mayor capacidad y solvencia. Estos fueron adquiridos por la Compañía Carris, la encargada del servicio y el mantenimiento. No recuerdo haberlos visto en mis anteriores visitas. Deben de llevar desde finales de los años 90.

 

Tranvia 28

 

La línea 28 hace unos de los recorridos más completos de la ciudad, y su carácter “mitológico” se debe a que sus prehistóricos trolers atraviesan los puntos más significativos de la Lisboa antiga, en un trayecto que va, en gran parte, paralelo al río, desde Martim Moniz hasta el Cemitério dos Prazeres, subiendo y bajando al menos tres de las colinas de la ciudad y pasando por barrios tan emblemáticos como Graça, Alfama, la Sé, Baixa, Chiado, São Bento, o Estrela, para terminar,  tras rozar Campo de Ourique,  en el ceméterio dos Prazeres…,  donde, sin duda, vamos a parar todos, pues polvo somos y en polvo nos convertiremos. Subes y bajas con el tranvía 28, te asomas al río o pasas por las estrechísimas calles por donde solo cabe el tranvía, o conversas con el tranviario que, encantado, o cansado tal vez de soltar siempre la misma cantinela, pero igualmente educado, te cuenta los pormenores de su oficio, y te parece estar saboreando un pedazo de historia de Lisboa con total impunidad; en algún momento del trayecto los golfillos del barrio se agarran en el exterior y quedan suspendidos, haciendo un alocado recorrido sin billete, y desde las tabernas más insondables se asoman seres perdidos de la vida, para ver pasar al eléctrico 28. Uno asiste a todo ese espectáculo por apenas unos escudos, y lo hace diciéndose “no es posible; esto, antes o después, desaparecerá. Llegará un alcalde con ínfulas de emperador y los dará carpetazo, a la chita callando o camelándose al personal, pero se los cargará, en aras de no sé qué (o para quién) progreso u ordenación urbana”, y siente estar viviendo un momento histórico, irrepetible, tan irrepetible que invita a repetir trayecto.

Audioguia Tranvia 28