…La Sé de Lisboa, con ese aire suyo de fortaleza severa y sobria, sigue allí anclada en el tiempo.

Na catedral de Lisboa/ sinto os sinos repicar… dice la canción de Dulce Pontes, dedicada a la catedral. Ha experimentado esta tantas mutaciones a lo largo de su historia, sufrido guerras y hasta terremotos, y visto pasar  pueblos —romanos, germanos y musulmanes— que dejaron en ella la impronta de sus respectivos estilos arquitectónicos —visigodo, árabe, gótico, románico, barroco—, se ha tenido que “reinventar” tantas veces (como los habitantes del barrio, que llevan en la tez la huella de tanta mezcolanza), que uno ya no sabe, de los edificios posibles que fue, cuál está contemplando y es el más auténtico. Pero parece que prevalece el románico. Y si bien los lisboetas desprecian un poco su catedral, precisamente por estar tan manoseada, a mí me gusta, y disfruto viéndola a lo lejos desde algunos de los miradores de la ciudad, como São Pedro de Alcântara y el elevador de Santa Justa, con el río como decorado de fondo.

 

Se

 

Pero la dejé allí, con sus sepulcros y sus vidrieras, con su rosetón, sus torres, sus turistas y el mítico eléctrico 28 contorneándola, y proseguí la ascensión, tan rumiada, hacia el Castelo, no sin antes asomarme ceremoniosamente al mirador de Santa Luzia, (porque sigue allí, y además, con puente nuevo al fondo, el Vasco da Gama, pero con la misma nube encendida sobre el río que poetizó el poeta y traductor extremeño Ángel Campos Pámpano), para ver los tejados de Alfama. Los tejados del pueblo de Lisboa.

 

 

Audioguia Se