Madragoa

 

…José Antonio Gurriarán nos dice en su guía que conviene tener algunos datos fundamentales para comprender la importancia de Madragoa en la vida popular de Lisboa. Antes que barrio habitable estuvo ocupado por las aguas, y dicen que había una deliciosa playa donde los lisboetas se bañaban. Pero para entender el barrio Gurriarán nos insiste en que es preciso remontarse a su precedente, el viejo Mocambo, un área que comprendía parte de lo que hoy es Madragoa, Santos y Lapa, incluida la ribera del río. Era puerta de entrada de personas y mercancías a la ciudad, y la zona por donde comenzó a extenderse esta en el siglo XV y en la que, en el XVI y XVII, además de pescadores, se asentaron gran cantidad de negros procedentes de las colonias portuguesas, muchos de los cuales eran esclavos. La denominación de Mocambo (el mayor barrio negro de Europa hasta el siglo XVIII), que ninguna guía me explica de dónde procedía, desaparece en el siglo XIX, y el barrio se divide en dos, Madragoa y Lapa. El nombre del primero se debe, según una versión, a que en el viejo Mocambo había una zona de prostitución y la palabra surge de la mandrágora, una planta afrodisíaca utilizada en conjuros, elixires y filtros eróticos en la Edad Media. La segunda tesis —probablemente la correcta, según leo en la guía— apunta a un Hospicio de las Madres de Goa que habría en la calle del mismo nombre.

 

Madragoa

 

Paradójicamente, o tal vez para lavar su pasado livinidoso, en este barrio se instalaron una gran cantidad de conventos, muchos de los cuales desaparecieron por el decreto de disolución de las Ordenes Religiosas, o pasaron a cumplir otros no tan divinos cometidos. Fue, también, el barrio de las varinas, esas mujeres inmortalizadas por grandes pintores que, con su cesta de mimbre bajo el brazo o sobre la cabeza, ofrecían el pescado fresco que sus maridos traían del mar o del río. “A mediados del siglo XIX, cuando Lisboa y Oporto quedaron comunicados por ferrocarril  —cuenta Gurriarán—, llegaron a la Madragoa estas mujeres que procedían de pueblos marineros del Norte, en su mayor parte de Estarrejoa y Ovar, de ahí su nombre de ovarinas o varinas. Es a partir de esta época cuando Madragoa se reconvierte definitivamente de barrio conventual en marinero y en residencia de pescadores, varinas y estibadores que trabajaban en el cercano puerto”.

Las varinas, que según los testimonios de la época debían guardar cierto parecido con las mujeres de las estatuas de la antigüedad helénica, son ya apenas fantasmas de una Lisboa modernizada, pero que todavía conserva en las plazas de ciertos barrios ese aire de mercado público. El poeta Carlos Queiroz decía de ellas, flor de la raza, que eran la flor que recordaba a aquella Lisboa olvidada de ser puerto.

 

Madragoa Lapa

 

Y en un ambiente así era posible que se convirtiese, también, en un barrio de fadistas, pues este fue, junto a la Alfama y Mouraria, uno de los barrios de la Lisboa profunda, marinera y desgarrada, en la que pudo nacer el fado y en los que se cantó y todavía se canta a menudo en casas, tabernas y locales discretos pero de prestigio, aunque ya no hay tantos como hubo en un tiempo. En algunos de ellos cantó la mítica María Severa, que vivió entre 1820 y 1846 y a la que se la tiene como precursora del fado lisboeta, y que llegó a vivir en la rua da Madragoa. Pero esa es otra historia…

Caminé Madragoa arriba, Madragoa abajo, con la coartada de estar buscando el Chafariz da Esperança o el Largo Vitorino Damásio, saliéndome muchas veces de sus límites, que se confunden con los de la Lapa, como manchas de café o de aceite en el texto de una guía de viajes;  tan imprecisa es esta frontera barrial, que los propios vecinos todavía discuten si esta rua aquí, o esta de allá, o aquella sobre la que justo cayó la gota de café, es Madragoa o es Lapa. Para mí, son hijos de una misma madre, la inconmensurable Lisboa. Y es que quizá no lo aclaré antes: Lisboa es mujer. El único género posible para ella, si bien no hay que descartar que haya sido pionera en seguir tratamientos de transexualidad.