Lapa

 

…La Lapa, bairro “post-terremoto” en el que me adentré por la rua das Janelas Verdes, pero sin mayor interés en distinguir fronteras, y menos donde no existen, es más “noble” o aristocrático, al menos en su parte alta, ya en la colina, con palacios, palacetes, mansiones unifamiliares, embajadas, algún convento y al menos un Museo, pero que vale por muchos: el Museo de Arte Antigo, llamado también das Janelas Verdes, por ocupar el antiguo palacio de Alvor, que en su fachada norte cuenta, al parecer, con cuarenta ventanas pintadas de verde: sin duda, el museo más rico, importante y antiguo de la ciudad, especialmente por la colección de arte portuguesa. Desde su jardín me asomé a la amplia vista que desde él se alcanza del río.

 

Madragoa-Lapa

 

Hice un recorrido por Lapa, más fugaz y confuso, por esa Lapa amable de las embajadas y los consulados, y ya con el estómago “a dar horas”, como se dice en portugués a la trascendental circunstancia de que te ronquen las tripas. Di esa vuelta de reconocimiento con la certeza de que ya habría otra oportunidad de volver —como volvía al Retiro, al museo del Prado, al Parque del Oeste o a la Plaza de Olavide cuando vivía en Madrid, porque los tenía ahí y sabía que cualquier tarde me podía dejar caer por ese parque, por esa plaza, por ese museo, y sentado en un banco seguiría contemplando la vida de la gente pasar, abarcando los espacios y haciéndolos míos—, y luego empredí el regreso hacia el Chiado. Pero esta vez intentando recuperar la ruta del tranvía 28.