Estrela

La joya de la corona del barrio de Estrela es su Basílica, abierta de 8 a 13 y de 15 a 20 y por la que no cobran entrada. Pero siendo uno de los mejores edificios neoclásicos de la ciudad, el barrio merece la pena por sí mismo. Junto a la basílica está el Jardim da Estrela, uno de los más deliciosos jardines de la ciudad. Yendo hacia Rua de São Jorge encontraremos la puerta del curioso Cemitério dos Ingleses, cementerio donde yace, entre otros, Henry Fielding, autor de Tom Jones. Y ascendiendo la colina podemos llegar a la Casa Museu Fernando Pessoa, en Rua Coelho da Rocha 16, la última morada del poeta universal. Hoy es un centro cultural con una exposición de objetos y libros de Pessoa, una bonita biblioteca, y todo tipo de actividades. Estrela limita al norte con Campo de Ourique, otro barrio interesante.

… Desde el Largo do Rato tenía, en el pleno uso de mi libertad condicional, las opciones de adentrarme por la rua das Amoreiras hacia los confines de ese barrio y del Acueducto de las Aguas Livres, de bajar por Alexandre Herculano hacia un Rato más señorial y aristocrático, o de subir por la avenida Alvares Cabral hacia Estrela. Tal vez atraído por el influjo del fabuloso cimborrio con cúpula octogonal de la Basílica da Estrela, la obra arquitectónica más importante del siglo XVIII en Lisboa, y el grato recuerdo de la última tarde pasada en el Jardim da Estrela, seis años atrás, junto a Fernando y Julio, almorzando cuatro bollos de pan y dos latas de atún (el impagable recuerdo de cuando éramos viajeros pobres pero felices, que aún no habíamos cumplido un cuarto de siglo y ya entendíamos lo que dijo Heráclito de que nunca te bañas dos veces en el mismo río, y porque sabíamos que ese río ya nunca más sería el mismo, estábamos celebrando ese momento, quizá el último). Me decidí, entonces, a subir, aferrado a ese recuerdo fraternal, por la avenida Alvares Cabral.

Basilica da Estrela

Parece ser que el antiguo Convento de Nossa Senhora da Estrela o Esterlina da nombre a un área que comprende la Basílica da Estrela, el Hopital Militar y el Jardím de Estrela. La Basílica en concreto fue construida entre los años 1779 y 1789 con el nombre de Basílica do Coração de Jesús, y fue la primera que se levantó en el mundo en honor del Sagrado Corazón. Como todo, tiene su pequeña gran historia. Los  rezos y las continuas peticiones a Dios de un hijo varón que pudiera ocupar el trono de Portugal fueron los felices culpables de su construcción, pues Doña María I,  cuando era la princesa María Francisca Isabel y heredera del trono portugués, hizo la promesa de levantar una iglesia en honor del Sagrado Corazón de Jesús si quedaba embarazada de un hijo varón. Promesas como castillos, que se dice. Así ocurrió, y se construyó, pero después de la muerte del Marquês de Pombal, aunque el edificio tiene un innegable estilo pombaliano, y la Basílica está inspirada en el palacio de Mafra. Lástima que el joven varón por cuyo nacimiento se construyó no llegase a reinar en Portugal, al fallecer de viruela a los veintiséis años. El destino y sus malas jugadas. Tal vez esta historia ya la habíamos leído en una guía al uso, llena de manchas de aceite de lata de conservas, sentados en Estrela, seis años atrás, pero no la recordaba. Solo me venía la felicidad del instante, con Julio explicando con vehemencia que dos más dos no son cuatro sino bocadillo de atún, o contando una por una las migas extraídas de la lata para hacer un reparto justo; sea como fuere, poniendo en marcha el mecanismo que activa la máquina de fabricar anécdotas para agasajarnos a Nando y a mí con una más que hacer pasar a la historia de nuestras vidas.

La Basílica tiene dos torres gemelas y una cúpula, visible desde cualquier mirador de la Lisboa oeste, y el interior del recinto está formado por una nave con seis capillas laterales hechas en mármol gris y rosa. Me asomo impresionado. Tal vez sea la luz natural, las dimensiones, el suelo de mármol blanco policromado, la pulcritud, las esculturas, los cuatro feligreses que ya esperan la siguiente misa, sentados como cadáveres embalsamados… No llego a adentrarme, y la mirada que me dedica una anciana desde el último banco me da escalofríos, porque pienso que esa señora me triplica en edad, y si ya no recuerdo cosas de hace apenas seis años, ¿qué recordaré de mí juventud cuando tenga su edad?… Deslumbra el marmol, como la belleza de una mujer islandesa grande y blanca, pero quiero reservar ese deleite para otro día, para otros días. Sé que los habrá, porque he venido para quedarme.

A la salida de esta iglesia, como ocurre por las del Chiado, por las calçadas del Rossio y por las ruas más amplias y concurridas de la Baixa, había apostados, estratégicamente, lisiados,   amputados, cercenados, viejos y no tanto, blancos y negros, más hombres que mujeres, en torno a los cincuenta años, todos igualmente derrotados por la vida pero dignos en esta mañana de domingo, esperando la hora punta de la misa de una, pidiendo una limosnita por caridad; y esta estampa retrotrae, inevitablemente, al Portugal de toda la vida, pero en especial al de los años setenta. Recuerdo la primera vez que mis padres nos llevaron a pasar el día a Elvas, para pasear por el centro, contemplar la arquitectura y el estilo portugués y sentirnos “extranjeros” (a tan solo hora y cuarto de Cáceres), comer en el Cristo y hacer unas compras en el Paga Pouco. Aquello fue en el año ochenta y uno u ochenta y dos. Cuando aparcamos el coche varios niños de la localidad, algunos de ellos de mi misma edad, nos seguían para sacarnos unas monedas…, imagen que aún hoy se repite en el setenta y cinco por ciento del planeta que uno visite en países de África, Asia o Iberoamérica. Aquel Portugal de mi niñez, que no debía ser muy diferente de la España franquista de unos lustros atrás, que yo no viví pero sí mis padres, late todavía en la memoria de mi infancia insondable.

El Jardim da Estrela es uno de los más bellos y tranquilos de la ciudad. En su interior hay lagos, esculturas que emergen de estanques, un quiosco de música, setos, árboles de distintas especies, fuentes, estatuas, y un buen número de flores y plantas traídas de los viajes que los comerciantes y navegantes hicieron a Brasil, la India y África. Me asomé por la rua Calçada de Estrela y salí por la de São Jorge.