Origen de la ciudad y nombre

… El caso es que la cosa esta de las ciudades, o núcleos urbanos de población, comienza con la fundación de las mismas y sus denominaciones, que, en el caso de Lisboa, presenta no pocos interrogantes. Los amigos de las leyendas le atribuyen la fundación a Ulises, ese héroe de la Odisea que se parecía a Juan José, un futbolista que jugó en el Cádiz y en el Real Madrid en los años ochenta, y un poco también a Jesucristo Superstar…, o a uno de los cantantes de Bee Gees… En fin, pero parece que fueron los fenicios quienes pusieron la primera piedra hacia el año 1200 antes de Cristo, y la denominaron Alis Ubbo (“orilla deliciosa”). Estuvieron instalados en estas colinas hasta que llegaron los cartagineses y los griegos, que le dieron el nombre de Olisipo, y luego los romanos, que llegaron en el año 218 antes de Cristo y le otorgaron el nombre de Felicitas Julia Olisipo. Pero no creas que estos fueron sus primeros habitantes: consta la existencia de mastodontes en la desembocadura del Tajo hace millones de años, y también de asentamientos  humanos ya en la Edad de Piedra.

… Le di un sorbo a mi cerveza, me humedecí los labios con ella, la saboreé y continué. Pero la verdad es que la primera época de esplendor de Lisboa sucede con los romanos, que se instalaron en lo que ahora es la colina del Castelo de São Jorge. Los romanos, como se sabe, entraron a saco en la Península Ibérica, y mira si dejaron huella. La guía de Gurriarán explica que en la rua dos Correeiros —justo donde Tony y yo tomábamos la cerveza aquella tarde de lunes—, encontraron en 1991 restos fenicios y romanos, confirmándose así la presencia en Lisboa de los fenicios, cuestionada hasta entonces…

 

Bandera portuguesa

Pero sigamos. La ocupación romana abarcó desde el año 195 antes de Cristo hasta el cuatrocientos y poco después, y de entonces viene la división de Hispania en cinco provincias: Gallaecia, Lusitania, Tarraconense, Cartaginense y Bética. Luego los pueblos bárbaros, que no por habérseles colgado el sambenito lo eran más que los anteriores, entraron en la Península, y, primero en manos de los suevos, y después en las de los visigodos, el caso es que Olisipo dejó de ser “felicitas” y pasó a ser Olisibona. Los visigodos en verdad algo brutos debían ser (habría que recordar aquí la letra de aquella canción de Siniestro Total, que dice: y esos hombres que tú admiras/ que parecen visigodos/ mucho músculo y poco cerebro/ y luego lloran como todos…), porque no aportaron gran cosa a la ciudad. Estuvieron siglo y medio más o menos, que se dice pronto, pero pasaron sin pena ni gloria; quizá más bien con pena. Demasiada luz para ellos.

Una mujer, que bien justifica una interrupción del relato, pasa por delante. Una silueta, el vuelo de la falda, los senos marcados bajo la blusa, el cabello al viento, los labios, la mirada, el saber estar, la determinación, la presencia íntegra… sangre fenicia, romana, cartaginesa, africana; gloriosa mezcla de mar, piedra urbana y desierto. “Joder”, suspiré con admiración, y Tony me secundó. Algún que otro camarero de camisa blanca de manga corta y pantalón negro, apostado como un centinela romano en la puerta de su establecimiento, la siguió con la mirada. “Bueno, a lo que estábamos”…

Serían los musulmanes, que habían iniciado la conquista de la Península, los siguientes “propietarios”. A Lisboa llegan en el 719, y la bautizarán Al Usbuna (Lisabona, para los que no sabemos árabe). Ellos la conviertirán en una ciudad fortificada, coincidiendo parcialmente sus murallas con las romanas. Lo cierto es que con los moros llegó una larga época de esplendor y prosperidad para la ciudad. La conservaron durante cuatro siglos, pese a los continuos y salvajes asedios cristianos, que lentamente fueron dominando gran parte del país. ¡Cuatro siglos!… Fue en 1147 cuando Don Alfonso Henriques, que era todo un crack, el gran fundador de la nación portuguesa y primer rey de Portugal, un hito en la historia del país, arrebata Lisboa a los moros y se independiza del reino de León. En aquella toma de la ciudad, en aquellos cinco meses de asedio, está situada la novela de Saramago, Historia del cerco de Lisboa…  Esa fue la gran conquista de la ciudad. Pero no todo lo bueno por conocer sería un camino fácil. Desde entonces, y casi hasta nuestros días, el reino de Portugal siempre ha tenido sobre sí la sombra del poderoso y agresivo reino de Castilla y de las Españas varias, en sus más variopintas e incluso pintorescas configuraciones…