Nuestros días

 

…Pero sí, algo cambió, sin duda, y a nivel político de manera más compulsiva y desordenada de lo que hubiese sido deseable: dieciséis gobiernos en trece años, y hubo quien llegó a pensar que Portugal se acabaría convirtiendo en la Cuba europea, visto el desmadre que ya reinaba antes de la dictadura autárquica y nacionalista de Salazar. La revolución dio pie a la creación de una Junta de Salvación Nacional presidida por el general Spinola, que ese mismo año fue elegido Presidente de la República. A este le expulsó de su puesto el Consejo de la Revolución, al año siguiente. Los sucesivos años de agitación y relevos provisionales se interrumpieron con la victoria de una Alianza Democrática en las elecciones de 1979. Un año antes se hubo de aceptar la intervención del FMI, dada la degradación de la balanza comercial portuguesa. En el ochenta, Freitas do Amaral asumió la Jefatura del Gobierno, cuando el Jesús Gil del Berlenga ya era empleado de barra en Lisboa porque el Alentejo se moría de hambre y sed y su hermano llevaba diez años muerto, y en su casa aún no lo habían superado.

 

—La victoria del PS de Mário Soares fue en las elecciones del ochenta y tres, no en el ochenta y cuatro.

Nos confirmó el Señor Gil, que nos escuchaba titubear con las fechas y no pudo evitar intervenir, desde su púlpito.

Así pues, en el ochenta y tres. Poco después, en otro parpadeo de ojos, en el ochenta y cinco, como ya sabemos, ingreso conjunto de España y Portugal en la Comunidad Económica Europea. Por fin Europa ya no termina en los Pirineos. Se empieza a levantar la cabeza. A partir de esa fecha, las urnas conviertieron a Aníbal Cavaco Silva en Primer Ministro y a Mário Soares en Presidente de la República. Cohabitaron hasta bien entrados los noventa. Pero en las sucesivas elecciones (municipales, legislativas, presidenciales) los socialistas le fueron ganando terreno a los socialdemócratas, o sea que hubo una deriva hacia la izquierda, hasta que…

—¿En qué año, en el noventa y seis?…

Sí, en el noventa y seis… En 1996 António Guterres pasó a ser Jefe del Gobierno en calidad de Primer Ministro, y Jorge Sampaio, que venía de ser alcalde de Lisboa, fue elegido Presidente de la República; ambos eran socialistas. Han sido muchos años, en los que el país ha dado un cambio radical: te lo dicen los rostros de los camareros del Berlenga,  y te lo dice  quien lo visitó en los sesenta, en los setenta, incluso en el primer lustro de la década de los ochenta, y habiendo dejado pasar el tiempo lo vuelve a visitar ahora, recién estrenado el siglo XXI, y conoce o le cuesta reconocer este Portugal y esta Lisboa de Expos y capitalidad Europea de la cultura y de Centros Comerciales, de BMW´s y Mercedacos, de teléfonos móviles y de zapatillas Nike, de festivales de verano y de la nocturnidad chic de las Docas. Este Portugal que quiere imitar a la Europa puntera, pese a sí misma, erigirse junto a Andalucía en la California europea y venderse a los tour-operadores con el maquillaje y los trapitos de una prostituta de alto standing, en el gran mercado mundial del turismo, que tanto tiene de casa de lenocidio.

—Y por aquí andamos, con una crisis del carajo y unas elecciones anticipadas a la vista. —dijo Tony, tras mi atropellada disertación.

—En estas estamos, sí, haciéndo la Historia. Todo apunta hacia el giro a la derecha, ¿no?

Y acto seguido Tony me explicó lo que cree que ha venido ocurriendo los últimos años con el país, que es, al fin y al cabo, en lo que coinciden los principales medios de comunicación: un crecimiento basado en el consumo interno, endeudamiento galopante de las familias, baja productividad, y falta de competitividad del país. El “que viene el lobo” de la economía de mercado. En fin, que en esas estamos. A vueltas con la Historia, con lo que está sucediendo, con lo que es presente, con lo que es ya mismo, con lo que fue ayer mismo. Y entonces, fugaz pero lúcidamente, pensé en la Historia de mi vida que ya había escrito, que yo había provocado desde el momento en el que cambio el rumbo de los acontecimientos (o de esa autobiografía sin acontecimientos) y hago las maletas y decido venirme a Lisboa. Y así, fechas como la del 5 de octubre de 2001 no son una más en la linealidad de un calendario, sino la de un viernes feriado, día de la República pasado por agua…

—A ver qué pasa en estas elecciones —interrumpió Tony mi visión—,  pero casi seguro le van a dar un palo al PS. Se lo merece, caralho.

—Lo que tenga que  ser, será —le dije, con la mente puesta en otros cielos.