Dónde comer

 

…con la idea de meterme a comer el “prato do dia” en cualquiera de las “casas de comida”, discretas, sencillas y con cuatro lugareños, mesas cuadradas con manteles de cuadros y sillas humildes, que fui encontrando por el camino. Una sopa, una cerveza y el pescado del día, a ser posible, bacalhau à braz o al horno con besamel, o sea, “bacalhau com natas”, dos de las más populares entre las 365 maneras que tienen los portugueses de hacer el bacalao, una distinta para cada día del año;  y de postre, una bica. Todo  por unos 800 escudos. Una brizna de felicidad cogida al vuelo. No hace falta más.

     

Donde comer en Lisboa

Comer o cenar en Lisboa (ya no digamos desayunar: ese café tan sabroso portugués, esas hermosas tostadas con mantequilla no menos sabrosa, zumo de naranja y pastel de nata… ¡qué más se puede pedir!… ¡ah, sí!: otro café) es uno más de los alicientes que presenta la ciudad. Y también esta vez, para todos los gustos. Pero, y una vez más, ésta web lo que recomienda es interactuar con el nativo, es decir, preguntarle al lisboeta medio y dejarnos aconsejar, exponerle con educación y humildad nuestras pretensiones que seguro que muy amablemente nos sabrá orientar. Encontrar un sitio donde comer, cuando se hace por necesidad, porque es la hora o hay que hacer un alto para reponer energías, y no por destino de placer, es tarea fácil en Portugal y no requiere de mucha ceremonia. Los cientos de snacks-bar, restaurantes modestos, y casas de comida que hay en cualquier rincón de la ciudad sirven para cumplir el trámite, con menús o “pratos do dia” muchas veces improvisados a mano en un mantel de papel colgado en la puerta o presentados de palabra. Todavía en la mayor parte de los sitios se “come bien”, como se suele decir, pero ya no tan barato desde la irrupción del euro (en torno a 8, 10 euros). Y si realmente estamos por la labor de integrarnos en la vida de la ciudad, lo suyo es comer en cualquiera de estos restaurantes de barrio que reúnan esas dos premisas: que dispongan de prato do día y que estén frecuentados exclusivamente por portugueses … estrechos, algunos hasta claramente cutres, incluso muchos de ellos con “mesa corrida”; pero, a nuestro parecer, 100% encantadores, esencia misma del país.  Por apenas 5 euros podemos tomarnos, en cualquier barra, una sopa y unos petiscos/aperitivos o sandes/bocadillos: croquetas, rissois,  bifanas, empanadillas de camarón, sanwiches mixtos…

Si anda por la Lisboa antigua, que será lo normal, en la zona de la Baixa hay un par de calles dedicadas completamente a los restaurantes. Pregunte, no se corte. Rua de Portas de Santo Antao, que sale de la plaza del Rossio, es una de las más agradables, con restaurantes de todo tipo y precio. Pero hay para todos los gustos, ya decimos. Y si quiere hacer del momento de la comida o la cena un destino, hay locales modernos e igualmente encantadores en Bairro Alto y Chiado, o en las calles que suben al castillo, en torno a la Sé.  También se puede cenar con fado, pues hay locales especializados en Alfama y Bairro Alto. Eso sí: huir de los sitios explícitamente turísticos; es decir, llenos de comensales de avanzada edad, piel excesivamente blanca, ojos azules, pelo rubio, y tufo a Europa del norte.

Esto nos recuerda la obligación de hacerle al viajero, sobre todo al que pisa suelo portugués por primera vez, las siguientes observaciones sobre los usos y costumbres en los restaurantes portugueses:

Uno de los errores típicamente repetidos por todos los turistas cuando llegan a un restaurante portugués es comer los platos de entradas que ponen en los restaurantes como si fuera un aperitivo o una tapa gentileza de la casa. En realidad, estas entradas (mantequilla, aceitunas, queso o patés,…) se pagan luego en la cuenta final y acaban subiendo significativamente los precios de cenas más o menos asequibles. Así que cuidado, que todo se paga.  Y a aperitivo degustado, difícil devolución. No sería  precisamente la primera vez que el típico turista español monta el pollo de turno cuando le llega la cuenta. También es verdad que muchos camareros no hacen ningún esfuerzo por advertirlo.

Donde comer

En nuestro apartado de “gastronomía” podrá profundizar un poquito más sobre las materias primas y especialidades del país vecino, pero avanzarle que casi todos los platos están configurados a base de carne o pescado. Las verduras no se prodigan demasiado salvo como guarnición, con  excepción del arroz, con variedades en las que se mezcla con marisco, pulpo, rape o pato. Deliciosos. La comida típica, y tópica, es el bacalao, preparado de cientos de maneras diferentes y con diferencias según la parte del país donde se coma. Las más populares, y a la vez recomendables: el bacalao con natas y el bacalao à bras.  Tampoco se pierda el frango (pollo) o sardinhas y carapaus (una variedad de sardina más grande y menos sabrosa) al churrasco, o sease, a la brasa. Los dulces portugueses son exquisitos, vinos hay para parar un tren, el café ya se ha dicho hasta la saciedad, y si le apetece un licor, le recomendamos una amarginha (típico licor de almendra) o un Beirao, que se publicita como “el licor de Portugal”.

Recordar, por último, que en Portugal el horario del almuerzo (almoço) es alrededor de las 13 horas y el de la cena (jantar), alrededor de las 20 horas. No hay que retrasar mucho uno y otro momento, ya que muchos restaurantes comienzan a dejar de servir al público a las 15 y 22 horas, respectivamente.

Pero éstas son meras sugerencias; a partir de aquí, cada cual sabe.

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