Portugal… tan cerca, tan lejos

“Qué tendrá este Portugal -pienso- para así atraerme?
¿Qué tendrá esta tierra, por defuera riente y blanda, por dentro
atormentada y trágica?… Yo no sé; pero cuanto más voy a él,
más deseo volver.”

(Miguel de Unamuno, “Por tierras de Portugal y de España”)

Portugal tan cerca tan lejos

…Portugal no está hecha para ser la suya una sociedad “puntera”, ni siquiera industrial. No me parece mal. Nada mal, aunque este totum revolotum del libre mercado y la sociedad de consumo nos lo vendan como el “no va más”: o eres, o pasas por el aro, o estás fuera, en el borde afilado de las “vías de desarrollo”, al borde del abismo tercermundista. Pero observando ese paisanaje del Rossio, que es el de estaciones de tren, de autobuses, de Metro, de estaciones fluviales como las de Lisboa, esa Lisboa que tiene un único aeropuerto y de los abarcables, pegado a la ciudad, de cuyo trajín se deduce el grado de cosmopolitanismo que cabe otorgarle a la ciudad, observando todo eso uno concluye que no está en una capital “al uso”. No sé si por tanta representación de los hijos bastardos de antiguas colonias, o por el aire como de plaza del pueblo o de pequeña capital de provincia que todo aquello tiene. No lo sé, pero lo infiero. Escucho retazos de conversaciones o me fijo en el aspecto de la gente que pasa, y lo deduzco. Paseo cien metros arriba y abajo y en un cruce de calles el tráfico se ralentiza por los ruidos de sirena que se acercan y la señora que camina detrás de mí tose como una moribunda, pero no me giro a mirarla; mientras, una dependienta vacía un cubo de agua en la alcantarilla y un camión de mudanzas toma posiciones, metiendo medio culo en la acera. Las sardinas del escaparate de esa especie de ultramarino parecen querer salirse de sus latas porque les está dando el sol de lleno y la furia desatada de un bebé exaspera a su africana madre, que no obstante tira del carrito con el peso todo de su misión universal a sus espaldas. Materiales de construcción, adoquines, picos y palas, trozo de acera precintado,… un tramo de calçada es rehabilitado, y los diligentes operarios que llevan a cabo el trabajo ya no tienen rodillas sino muñones y son admirados por los jubilados del barrio como héroes de guerra. “Hasta el próximo terremoto”, tal vez piensen, el cual puede venir en forma de cableado de telefonía, ahora que Internet se empieza a popularizar. Debajo de las aceras, sin duda, transcurre otra ciudad, pero a mí ya me desborda la que atisbo en la superficie. Es un escenario tan cautivador que se me pasa volando la media hora de espera…