Iberia, un país posible

EL PAÍS QUE PUDO SER…

…Luego pasó que se instauró, de 1580 a 1640, la dinastía de los Felipes, como la llamaron aquí, de los Austrias en España. El caso es que la desaparición de Don Sebastián, al que el morir joven y guapo y controvertidamente lo convirtió en una especie de James Dean de las monarquías europeas, dejó un vacío de poder, que “se ofrecieron” a cubrir tres pretendientes, entre ellos el Felipe II de España, alegando ser hijo de Doña Isabel y nieto de Don Manuel, ya sabes, por eso de la mezcolanza de las dinastías y aprovechando, también, que el Tajo pasa por Aranjuez. El caso es que dijo “esta es la mía”, y el tío, alegando ser tan legítimo como el que más, primero “pretendió” buscando apoyos entre clérigos y nobles, y después dijo “por mis cojones”, e impuso las fuerzas de las armas y de la economía.

Iberia un pais posible

Invade Portugal en 1580. Tras adquirir serios compromisos con los portugueses y garantizar la estabilidad durante su reinado, es proclamado Felipe II de España rey de Portugal con el nombre de Felipe I. Atención, se consigue por primera vez el viejo sueño castellano de unir en una las dos Coronas de la Península. Unión cogida con pinzas y firmada sobre papel mojado.

El suyo es un reinado de luces y sombras, pero hay que admitir que las consecuencias de la política de los reyes españoles durante las primeras décadas fueron positivas para Lisboa. Felipe II tuvo la oportunidad de instalar la capital en Lisboa, de tal manera que en las escuelas de entonces hubiesen recitado “Iberia, capital Lisboa”, pero no lo hizo. A cambio, intentó hacer el Tajo navegable hasta Aranjuez. Craso error. Luego sobrevino el desastre de la Armada Invencible, la sucesión de Felipes, y algunas que otras pestes y hambrunas. A comienzos del siglo XVII el aumento de los impuestos para sufragar la guerra hispano-inglesa, el que España comenzase a implicar a Portugal en sus fregados internacionales y otros abusos, dieron lugar en Lisboa a manifestaciones primero, y auténticos levantamientos después. Y eso que, bien mirado, el pueblo portugués no estuvo del todo en contra del planteamiento de una Iberia unida, al menos mientras la cosa fue bien, mientras tuvieron una autogestión como la del País Vasco ahora. Aunque supongo que la cosa no era tan simple.

Pero somos países hermanos, y la Santa Madre Iglesia no aprueba las uniones incestuosas. El caso es que el 1 de diciembre de 1640 un grupo de conjurados entra en el Palacio de la Ribeira y mata al ministro español Vasconcelos, Escribano de Hacienda del Reino. Desde el balcón del palacio el duque de Bragança es proclamado rey con el nombre de Juan IV. Portugal va consolidando su independencia con batallas victoriosas ante una España debilitada por sangrías internas y las guerras con Holanda y Francia. Después de la restauración (tras la restitución que impone el Tratado de Madrid de 1668 se nos “olvidó” devolver la población de Olivenza, que todavía hoy pertenece a Badajoz, pero que es portuguesa) Portugal recupera el comercio ultramarino, y con él, una nueva etapa de esplendor, gracias sobre todo al oro procedente de Brasil. La Lisboa que se asoma al siglo XVIII recuerda a la de la expansión marítima.