Plan para un puente en Lisboa

Un puente como el que se avecina, para quien aún se lo pueda permitir (¡o le dejen!), 3 o 4 días del tirón, ¿es suficiente para conocer Lisboa?…

Como todo, depende de la intensidad de la mirada y… ¡la comodidad del calzado!. Pero nosotros ya hemos hecho una declaración de principios desde el momento en que planteamos escapadas de hasta media jornada. En cualquier caso, pasar solamente un fin de semana largo en Lisboa te deja con la miel en los labios, pero es infinitamente mejor que seguir sin conocer la ciudad. De hecho, debería ser pecado ser español, mayor de 18 años, y no conocer Lisboa. Así es que esta sección está particularmente dedicada a los que aún van a tener la suerte en esta vida de verla por primera vez.

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Esta niebla sobre la ciudad, el río, las gaviotas de otros días, barcos, gente con prisa o con el tiempo todo para perder, esta niebla donde comienza la luz de Lisboa, rosa y limón sobre el Tajo, esta luz de agua, nada más quiero de peldaño en peldaño. E. de Andrade.
Pero vayamos por partes.

Lo que se suele visitar de Lisboa son sus Plazas (la del Comercio, la del Rossio, la plaza da Figueira, Marques de Pombal, Príncipe Real…),  sus monumentos (catedral de Lisboa, monasterio de los Jerónimos, Torre de Belem, monumento a los Descubrimientos, castillo de San Jorge,…), sus museos  (el Nacional de Carruajes, el Nacional de Arte Antiguo,  el Calouste Gulbenkiam, el museo del Azulejo, el Nacional de Arqueología…), sus barrios (Baixa, Chiado, Alfama, Castelo, Barrio Alto, Estrela, Madragoa, Graça,…), sus iglesias (Madrededus, do Carmo, Sé o catedral, Sao Vicente de Fora,…), sus miradores (San Pedro de Alcántara, Castillo, Santa Luzia, Santa Catarina, Cristo Rey,…), rincones sueltos como la Expo (con su magnífico Oceanario), el mercado de la Riviera, Cais do Sodré, algún que otro palacio o sus completísimos centros comerciales… y por supuesto, sus alrededores de playas, sierras y pueblos encantadores. Forma parte, digamos, de la visita oficial, y es todo aquello de lo que habla la guía al uso.  Está muy bien, de veras; y da para una semana, aunque se puede hacer un recorrido express de dos días la mar de representativo. Quien visita al menos el ochenta por ciento de estos sitios o se patea toda la Lisboa antigua se puede decir que conoce la ciudad.

Pero nosotros, insistimos una vez más, queremos en poramoralisboa ir más allá. Queremos dotar de alma toda esta visita, meternos debajo de las alfombras de la ciudad y SENTIR, no sólo “conocer” o “visitar”. Estudiar con detalle las posibilidades de la foto, más que limitarnos a tirarla. Queremos aprehender la esencia de la ciudad. Porque Lisboa es una de esos pocas ciudades para ser sentidas. Lisboa es un estado de ánimo. Y ya está.

Quien sólo cuenta con cuatro, tres días, de jueves o viernes a domingo, nos dirá: todo esto está muy bien, pero es que tengo apenas tres días, y no sé muy bien por dónde empezar… Pues bien, también tenemos respuestas para ellos: empiece por el principio. Déjese llevar por la ciudad. No ejerza esta vez de turista, porque no está en un “sitio” más ni en la típica ciudad que visitar. No se limite a hacer acto de presencia, pensando en qué llevar de regalo o lo que contará a la vuelta. Está en Lisboa. Y llegar a ella por primera vez sólo ocurre en una ocasión en la vida. No la desperdicie. Despliegue sus cinco sentidos y olvídese por unos días de su lugar de origen.

PRIMER DÍA

Puede comenzar su periplo particular de 72 horas plácidamente sentado en un café de la Lisboa antigua. Desayuno completo: torradas com manteiga, café, pastel de nata e sumo de laranja natural, se faz o favor… y listo para el viaje interior. No lo dude: baje a Restauradores, caminé hacia el Rossio  y adéntrese al azar en la Baixa, para sentir lo que Fernando Pessoa sentía al abrir la mañana…

… En la niebla leve de la mañana de media primavera, la Baixa despierta entorpecida y el sol nace como que lento. Hay una alegría sosegada en el aire ya con buena parte de frío, y la vida, al soplo leve de la brisa que no hay, tirita vagamente del frío que ya pasó, por el recuerdo del frío más que por el propio frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo.

No abrieron todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero la calma no es de torpor, como la del domingo; es sólo de reposo. Un vestigio dorado se antecede en el aire que se revela, y el azul se ruboriza pálidamente a través de la bruma que deshilacha. El comienzo del movimiento rarea por las calles, se destaca la separación de los peatones, y en las escasas ventanas abiertas, altas, madrugan también las apariciones. Los tranvías inscriben en el aire su chapa móvil amarilla y numerada. Y, de minuto a minuto, sensiblemente, las calles se desdesertizan.

Extracto del “Libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa.

  Desayune plácidamente en el centro histórico contemplando la vida alrededor desperezarse. Luego diríjase a la Praça do Comercio y, ya tomada rua do Arsenal, a la Praça do Municipio. Pero no olvide que el orden de los factores no altera el producto.

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Praça do Comercio

Suba  desde allí al Chiado, por la rua Alecrim.

Nos dice Cardoso Pires, en su “Lisboa, diario de a bordoque “a Lisboa se la puede definir como un símbolo. Como la Praga de Kafka, como el Dublín de Joyce o el Buenos Aires de Borges. Sí, es posible. Pero más que las ciudades, es siempre un barrio o un lugar los que caracterizan esa definición y la fidelidad a menudo inconsciente que les guardamos. El Chiado, en este caso. Su geografía cultural, su resplandor diurno, la paz provinciana de sus calles por la noche, tantas cosas, tantas cosas”.

Eche un vistazo a sus librerías y pase por otros establecimientos de “toda la vida”, como la livraría Aillaud y Lellos, la Joyeria Eloy de Jesús, la Guantería Ulisses, el restaurante Tágide, la sastrería Modelo do Carmo, el museo do Chiado, la livraría Bertrand, la Casa Havaneza, el Teatro San Luis, San Carlos o Trindade, la boutique de Ana Salazar,… Pruebe a intentar localizarlos o toparse con ellos callejeando sus animadas ruas y saboreando sus nombres en las esquinas (Carmo, Garret, Serpa Pinto, Largo do Chiado, Praça Luis de Camoes, Nova da Trindade, Largo do Carmo,…) como quien le coge el punto de sal a un guiso, y siéntese en la plaza Luis de Camoes, antes de acérquese al mirador de Santa Catarina o de San Pedro de Alcántara, para, desde este último, dirigirse a la Praça de Príncipe Real.

Panorámica desde san Pedro de Alcántara.

Desde Príncipe Real adéntrese por el corazón del popular Bairro Alto (rua da Atalaia, por ejemplo) y desemboque de nuevo en Luis de Camoes. El Bairro Alto, como los de Madragoa, Alfama, Mouraria, Graça, o Lapa, es para visitar sin orden ni concierto, sin programa y casi diría que casi sin mapa, al azar de los pasos, una y otra vez, arriba y abajo, aunque se pase cuatro veces por el mismo rincón o haya un momento en el que uno no sepa dónde está el norte y dónde el sur. Porque son barrios para perderse por ellos. Cerciórese de que las tabernas, los pubs, las casas de fados, las antiguas sedes de periódicos, los ultramarinos, las tiendas “chics”, las fruterías, las tiendas de música, la ropa tendida en los balcones y el “boa tarde” con sonrisa que te dan, para que te sientas acompañado y bien recibido, si, al cruzarte con alguno de sus lugareños, les saludas; cerciórese de que todo, los olores, los colores, los sabores, todo, tal como se lo han contado, sigue en su en su sitio, y ya de vuelta al Chiado baje por rua Garret, recréese en ella todo lo que haga falta, y en la calle anterior a la rua do Carmo suba hacia el Largo do Carmo, uno de nuestros rincones top five.  

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En dicha placita se encuentra el corredor que da acceso al ELEVADOR DE SANTA JUSTA, panorámica imprescindible, que comunica la Baixa con esta colina de Chiado. El Elevador de Santa Justa, diseñado por Raoul Mesnier de Ponsard, supuesto discípulo de Eiffer, en 1900, se distingue de los demás elevadores de la ciudad por ser el único configurado como ascensor urbano vertical; los otros (el Elevador da Glória, el Elevador da Bica y el Elevador da Lavra), son en realidad funiculares, pequeños tranvías que permiten ascender y descender las pronunciadas pendientes de la ciudad. Santa Justa es otro magnífico mirador desde el que Lisboa ostenta fotogenia, y si le hace feliz  puede bajar ya a la Baixa por el  ascensor, si es que no anda averiado; si no, vuelva a perderse otro rato por el Chiado, apurando hasta la hora del almuerzo, una del mediodía hora local; y cuando se siente a la mesa dispóngase a disfrutar  de cualquiera  de los platos de la gastronomía  portuguesa. Sopa del día, Bacalao en cualquiera de sus múltiples formas, sardinas, frango (pollo) y café son elecciones seguras.

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Bacalhau com natas 

Encontrar un sitio DÓNDE COMER, cuando se hace por necesidad, porque es la hora o hay que hacer un alto para reponer energías, y no por destino de placer, es tarea fácil en Portugal y no requiere de mucha ceremonia. Los cientos de snacks-bar, restaurantes modestos, y casas de comida que hay en cualquier rincón de la ciudad sirven para cumplir el trámite, con menús o “pratos do dia” muchas veces improvisados a mano en un mantel de papel colgado en la puerta o presentados de palabra. Todavía en la mayor parte de los sitios se “come bien”, como se suele decir, pero ya no tan barato desde la irrupción del euro (en torno a 8, 10 euros). Y si realmente estamos por la labor de integrarnos en la vida de la ciudad, lo suyo es comer en cualquiera de estos restaurantes de barrio que reúnan esas dos premisas: que dispongan de prato do día y que estén frecuentados exclusivamente por portugueses… estrechos, algunos hasta claramente cutres, incluso muchos de ellos con “mesa corrida”; pero, a nuestro parecer, 100% encantadores, esencia misma del país.  Por apenas 5 euros podemos tomarnos, en cualquier barra, una sopa y unos petiscos/aperitivos o sandes/bocadillos: croquetas, rissois, bifanas, empanadillas de camarón, sanwiches mixtos…

ATENCIÓN: Uno de los errores típicamente repetidos por todos los turistas cuando llegan a un restaurante portugués es comer los platos de entradas que ponen en la mesa como si fuera un aperitivo o una tapa gentileza de la casa. En realidad, estas entradas (mantequilla, aceitunas, queso o patés,…) se pagan luego en la cuenta final y acaban subiendo significativamente los precios de comidas o cenas más o menos asequibles. Así que cuidado, que todo se paga. Y a aperitivo degustado, difícil devolución. No sería  precisamente la primera vez que el típico turista español monta el pollo de turno cuando le llega la cuenta. También es verdad que muchos camareros no hacen ningún esfuerzo por advertirlo.

Tras disfrutar  del café  y hacer un poco de sobremesa,  LA JORNADA DE LA TARDE bien la podría emplear en conocer Castelo y Alfama, o, como alternativa, en función de sus preferencias,  Jerónimos y Belem, para lo cual  tendría que desplazarse en un autobús, tranvía o taxi. Si su opción es la museística entonces le recomendamos uno de los museos que ya hemos recomendado para una visita de media jornada… pero nos tomamos la libertad de sugerirle que descarte meterse en un museo si está visitando la ciudad por primera vez. Para quien no conoce Lisboa, toda la ciudad en sí se exhibe como un magnífico museo al aire libre, que incluso en lo más crudo del invierno o lo más tórrido del verano se recorre sin problema, dada su privilegiada climatología. Dejé por tanto los interiores para futuras escapadas. 

Sea cual sea su elección, seguro que acertada, la tarde le dará  como para abarcar cualquiera de las dos zonas, Jerónimos/Belem o Castelo. Y lo que no se haga la primera tarde queda para la jornada siguiente. Pero nuestra recomendación es seguir a pie, atravesando la Baixa, hacía  el Castelo de San Jorge, y dejar el área de Belem para el domingo por la mañana.

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Apenas amanece, te me apareces posada sobre el Tajo como una ciudad que navega. No me admiro: siempre que me siento capaz de abarcar el mundo, en el pico de un mirador o sentado en una nube, te veo como ciudad-nave, barca con calles y jardínes por dentro, y hasta la brisa que corre me sabe a sal…  Cardoso Pires, “Lisboa, diario de a bordo”:

Apáñeselas para desembocar en el Largo da Madalena, y desde ahí subir hacia el Castelo por la rua da Sé, para poder hacer una parada precisamente en la , la catedral de Lisboa. Seguro que para entonces se ha cruzado al menos un par de veces con el mítico tranvía 28. Tras una sosegada visita a la catedral, continúe la subida por el costado izquierdo de la misma hasta llegar al mirador de Santa Luzia. Entonces recréese con su primera imagen de Alfama con río al fondo.

Pero ya habrá tiempo más tarde para callejear Alfama. Ahora de lo que se trata es de ganarse el Castelo, un último repecho hasta llegar a su acceso principal.

Después de haber contemplado las vistas desde el castillo y sentido el peso de su historia, ya puede morir tranquilo. San Jorge ofrece también una visita a los jardines y miradores, un espectáculo multimedia (Olisipónia), una cámara oscura (Torre de Ulisses), espacio de exposiciones, sala de reuniones/recepciones (Casa do Governador) y loja temática a sus visitantes. Claro que seguro que está ansioso por perderse en el laberinto árabe de Alfama, incluso subir hasta Graça (barrio igualmente pintoresco y elegante, pero con menos tirón que su vecina Alfama; en cualquier caso, los límites entre y uno y otro son borrosos), porque ocurre con Lisboa que cada vez que se conquista una de sus colinas a uno le entra el impulso de dominar el horizonte también desde la siguiente. Así hasta siete.

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Lisboa desde el mirador de Graça

Cuando nos queramos dar cuenta serán las ocho de la tarde. Da igual que sea primavera, verano, otoño o invierno. Es hora (portuguesa) de cenar.

Por la noche

Salir de noche “al uso”, es decir salir de “marcha” por Lisboa, a tomar una copa tranquila o ciento volando, presenta tantos atractivos como hacerlo en cualquier capital movidita de Europa. Y una vez más, nuestra recomendación es que, en función de los gustos e inquietudes de cada cual, del ánimo o de la oportunidad del momento, se interactúe con la población nativa; es decir, que se pregunte, que nos dejemos orientar por los lisboetas, pues preguntando no sólo se llega a Roma, sino también al meollo de la cuestión.

Lisboa ofrece desde bares tranquilos y terrazas con encanto, con música cuidada y ambiente exquisito, hasta las discotecas más rabiosamente de moda, los tugurios más infames y la alternativa canalla de turno. Para todos los públicos, vamos. Es una capital, al fin y al cabo. Y encima portuaria…

Pero lo que se conoce por “vida nocturna” suele comenzar una vez acabada la cena y hecha la transición del café a la copa, vino o cerveza. Probablemente esto implique, si no lo estamos ya, desplazarnos al Bairro Alto, cita obligada para comenzar la noche, cuya hora punta se produce justo cuando las cenicientas pierden sus zapatos. Tiene este distrito un ambiente y un modo de diversión muy suyo, que recuerda mucho al de los bares de los cascos viejos de las ciudades españolas. Sus callejuelas están llenas de locales pequeños, en muchos de los cuales casi no se puede estar por falta de espacio. La solución es típica del barrio: sacar las bebidas a la calle y montarse la tertulia bajo la luna. En el Barrio Alto no es que haya locales más recomendables que otros: es que hay que probar. Lo mejor es ir entrando y echar un vistazo. También hay rincones estupendos en AlfamaBaixa o 24 de Julho, trampolines igualmente desde los que lanzarse a la noche.

Esto dura hasta las cuatro de la mañana, hora en la que los bares cierran o han ido cerrando y hay que decidir si se acaba la noche o se continúa en alguna de las discotecas o clubs de la ciudad. Lisboa se ha ganado una merecida reputación como una de las capitales europeas con mejores locales (clubs) nocturnos, aptos para todo tipo de músicas y de ambientes.

Los principales están concentrados cerca del río, en la avenida 24 de Julho, entre la Baixa y Belem, y en las Docas (muelles), tanto las que se sitúan en las inmediaciones del puente 25 abril (Alcantara y Santo Amaro) como enfrente de la estación de Santa Apolonia. Suelen comenzar la noche en torno a las dos de la madrugada, y si bien durante la semana la admisión es gratuita, los fines de semana suelen cobrar una entrada que oscila entre los 10 y 20 euros. Ver “Salir de noche al uso” para saber más.

SEGUNDA JORNADA

Ya ha transcurrido uno de los tres días de los que disponemos. Se aprovechó bien la jornada, abarcando gran parte de la Lisboa antigua; pero fue también inevitable perdernos sitios y momentos. Es lo que tiene tomar decisiones. El sábado, por ejemplo, nos podemos perder o no dejarnos caer (¡y perder otra vez!) por la Feira da Ladra, un mercado popular como El Rastro madrileño que se despliega (se desparrama más bien) las mañanas de martes y sábados entre los barrios de Graça y Alfama. O pese a haber estado un buen rato por Chiado, tal vez no dimos con el mirador de Santa Catarina o no lo hicimos al atardecer, ni nos tomamos un expresso en algunos de sus cafés decimonónicos. En fin, no pasa nada. Queda para la próxima vez.

El vaso sigue medio lleno. Lo cierto es que si no nos levantamos muy tarde (y ya no digamos resacosos) podemos disfrutar de una de esas maravillosas mañanas de sábado en el área de Belem-Jerónimos.

…Restelo, Jerónimos, Belem, qué más da, porque es un todo completísimo y encantador. Tan políticamente correcto, tan de postal, que hasta parece Viena. Porque en poco más de dos kilómetros cuadrados el visitante se puede encontrar, o ir encontrando, el Museo de Coches, el Palacio de Belem, la plaza de Alburquerque, La rua Vieira Portuense, el Monasterio de los Jerónimos, el Museo Nacional de Arqueología, el Museo Naval y Planetario, la Praça do Imperio, el Centro Cultural de Belem, el Monumento de los Descubrimientos, el Museo de Arte Popular, y, por último, como plato fuerte, el monumento más visitado, el más emblemático y simbólico de Portugal toda: la TORRE DE BELEM, con sus pórticos de arco quebrado, las bóvedas del claustro, los balcones venecianos, las garitas de evocaciones árabes, las influencias góticas y románticas de sus arcadas, las cúpulas bizantinas, la filigrana de piedra en la balaustrada, fundido todo en el arte más característico de Portugal, el manuelino, y su decoración profusa y genuina. Sí, todo eso se puede encontrar uno en el área de Belem, que es como lo que el Louvre para París.

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El MONASTERIO DE LOS JERÓNIMOS fue diseñado en estilo manuelino y encargado por el rey Manuel I de Portugal para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco de Gama. Se fundó en 1501 y la primera etapa constructiva de la iglesia nueva comienza en 1514 y fue ampliándose y modificándose hasta el siglo XX. Se financió gracias al 5% de los impuestos obtenidos de las especias orientales, a excepción de los de la pimienta, la canela y el clavo, cuyas rentas iban directamente a la Corona. El estilo manuelino, tan portugués, se caracteriza por la mezcla de motivos arquitectónicos y decorativos del gótico tardío y del renacimiento. Destacan los portales principal y lateral, el interior de la iglesia y el magnífico claustro. Las capillas de la iglesia fueron remodeladas en puro estilo renacentista en la segunda mitad del siglo XVI y contienen las arcas funerarias de Manuel I y su familia, además de otros reyes de Portugal. En los Jerónimos se hallan también las tumbas (neomanuelinas) del navegador Vasco da Gama y el poeta Luís de Camões. En una capilla del claustro descansan, desde 1985, los restos del escritor Fernando Pessoa.

En diciembre de 2007 se firmo en este monasterio el Tratado de Lisboa, un acuerdo de la Unión Europea que sustituye la Constitución Europea y reforma los tratados que estaban vigentes.

Después de visitar el Monasterio de los Jerónimos, eche el resto de la mañana paseando por los jardines del área de Belem y el monumento a los Descubridores (se puede subir al mismo a contemplar la panorámica), a la orilla del río, y siéntese antes o después en un banco o en el césped, mientras turistas, viajeros, visitantes, deportistas, místicos, vendedores de gafas de sol o de pañuelos, padres con hijos, hijos con perros, perros con pelota, pelota con hijos, hijos con padres, mujeres con hombres, mujeres con mujeres, mujeres solas, personas en bicicleta, en patinete, blancos, negros, amarillos, desteñidos, excursiones de jubilados, parejas varias, beodos con botella y adolescentes en pandilla disfrutan de la jornada. Todo muy Made in Portugal. Armonía y sosiego los domingos por la mañana en Belem, donde el Tejo é mais belo que o rio que corre pela minha aldeia. Son, las de aquí, mañanas casi perfectas. Retrato de familia con velero al fondo… Y sin necesidad de hacer la cola de turno en laCasa dos Pasteis, el tradicional establecimiento decorado con azulejos que funciona desde el año 1841 y que desde entonces viene haciendo los afamados pasteles de Belem con la misma receta…

TARDE DEL SÁBADO, o del segundo día

La tarde del sábado, si las horas hasta llegar a ella han sido intensas o cansadas, puede tomarla con calma y dedicarla a pasear al azar, visitar un museo, o bien ir de compras. Usted mism@. Y como ya dijimos que el orden de los factores no altera el producto, tanto nos da así una de estas actividades las realiza la tarde del día anterior o a la mañana.

Pero vayamos por partes. Respecto a la museología, Nuestro particular top five lo conforman los siguientes cinco museos:

Museo de Arte Antíguo (Rua das Janelas Verdes, 9 –Lapa: Website: www.mnarteantiga-ipmuseus.pt)

Se encuentra en el antiguo palacio Alvor-Pombal o Palacio de las janelas verdes. Hoy es considerado el más importante museo de Lisboa. Tiene, además de numerosas exposiciones temporales de autores portugueses y extranjeros, exposiciones permanentes de pintura, mobiliario, tapicería, escultura, joyería y cerámica portuguesa, pinturas y artes decorativas europeas, así como objetos artísticos procedentes de las antiguas colonias lusas en África y Oriente. Asimismo, conserva en su interior la capilla de San Alberto, que perteneció al convento del mismo nombre.

Fundación Calouste Gulbenkiam  (Avda. Berna 45 –Praça de Espanha. Website: www.gulbenkian.pt)

La fundación, creada por el mecenas armenio Calouste Gulbenkiam , es un oasis en medio de la frenética actividad de la ciudad. Más de seis hectáreas del antiguo parque de Santa Gertrudes, con espacios ajardinados, estanques y esculturas de autores internacionales, albergan los dos edificios más importantes del complejo. En uno de ellos se encuentra la sede de la fundación, la biblioteca, y el museo, inaugurado en 1969. El otro edificio es el Centro de Arte Moderno, abierto en 1983. Respecto al museo, la distribución cronológica y geográfica de las obras determinan dos circuitos independientes. Un primer recorrido por la antigüedad recoge muestras de Egipto, Asiria, Grecia, Roma, Oriente Islámico y Extremo Oriente. El segundo circuito está dedicado a Europa, con pinturas, esculturas, marfiles, mobiliario, etc. todo ello proveniente de la colección privada del fundador, el cual deseaba que su obra sirviese de estímulo de la sensibilidad humana a través de las artes y en perfecta relación con la naturaleza. La fundación se dedica a la asistencia social, arte, educación y ciencia, y es la mayor institución particular de interés social fuera de los Estados Unidos

Museo del Azulejo (Rua Madre de Deus, 4 –Xabregas. Website: www. mnazulejo.imc-ip.pt)

Creado en 1980 como Museo Nacional del Azulejo, en el área conventual de la Iglesia-convento de la Madre de Deus, responde a la necesidad de dar al azulejo el lugar que le pertenece en la historia del arte, en un país como Portugal, en el que los azulejos son utilizados desde el siglo XV, primero como revestimiento decorativo, después como elemento de integración arquitectónica. Imprescindible para los admiradores de este material.

Museo del Chiado (Rua Serpa Pinto,6 –Chiado. Website: www.museudochiado-ipmuseus.pt)

Fundado en 1914, sus primeros fondos, al igual que los del de Arte Antiguo, procedían del museo de Bellas Artes. Cerrado en 1987 para recuperar sus colecciones, el museo vivió el drama del incendio del Chiado, pero no porque fuese afectado, sino porque el incendio fue la salvación del museo, ya que llamó la atención sobre su estado y animó a su total y definitivo rescate. La recuperación arquitectónica del museo es una exhibición de modernización y respeto por el antiguo convento de San Francisco, donde se asienta. Dedicado por entero a la pintura, de la colección actual destacan el único retrato de la generación naturalista de Lisboa, O Grupo do Leao, de Columbano Bordalo Pinheiro; As Escadinhas, de Francis Smith; No Tejo, marinha, de Joao Vaz; Lisboa e o Tejo y Domingo, de Carlos Botelho; y obras de Rodin, Malhoa, Jorge Vieira, entre otros grandes artistas.

Museo Nacional de Arqueología  (Praça do Imperio – Belem. Website: www.mnarqueologia-ipmuseus.pt)

Fundado en 1893, fue trasladado posteriormente al ala izquierda del Monasterio de los Jerónimos, quedando reinaugurado el 22 abril 1906. El museo se especializó, a partir de entonces, en tres secciones: arqueológica, antropológica y etnográfica, y sus más nutridas colecciones se extienden desde el paleolítico hasta la presencia romana en Portugal.

DE COMPRAS

Hay zonas comerciales de gran vitalidad en plena ciudad, en sus barrios y avenidas. En plena Lisboa antigua tenemos un circuito muy abarcable que desde la Baixa sube por Rua do Carco hasta Chiado, vía rua Garret, hasta el corazón del barrio literario por excelencia.

Rua Augusta es la principal arteria comercial de la Baixa, donde conviven el comercio tradicional de toda la vida y lo último en cadenas multinacionales, principalmente de moda, que desde principios de los noventa viene revitalizado el comercio de la zona, conviviendo con cierta ejemplaridad con sucursales bancarias, oficinas varias, mercerías, tiendas de souvenirs, joyerías, puestos callejeros de artesanía (uno de los pocos o mejores sitios donde encontrar cuadros y láminas dedicados a la ciudad), y demás negocios de toda la vida, todo ello aderezado con un gran número de restaurantes, cafés y pastelería.

Rua do Carmo, subiendo ya hacia el Chiado, y rúa Garret, se pueden considerar una prolongación comercial de rua Augusta. Conectando la Baixa con el Chiado desde Rossio nos encontramos con los históricos Grandes Almazens do Chiado, que contienen una tienda de la FNAC, un SportZone, un Musgo, y tiendas varias, así como una planta de restaurantes y cafeterías, algunas con muy buenas vistas a la ciudad y el río.

Otras zonas comerciales de calle con cierta concentración son la Avenida da Liberdade, lugar de encuentro, en plena ruta de los hoteles, de las tiendas de cadenas de gama alta y las tiendas “de imagen” de cadenas de gama media: Boss, Adolfo Dominguez, Gant, Ermenegildo Zegna, Massimo Dutti, Gucci, Louis Vuitton, Lanidor, Purificación García,…  y la zona comercial de la avenida de Roma y de la avenida Guerra Junqueiro. No podemos dejar de nombrar El Corte Inglés, que se encuentra en la rua Antonio Augusto de Aguiar con Praça de Espanha, enfrente de un costado del museo Calouste Gulbenkian, y del coqueto centro comercial Atrium Saldanha, en la plaza del Conde Duque de Saldanha, desde donde arranca la Avenida da República.

Pero fue a lo largo de la década de los noventa que en Lisboa se desarrolló una gran oferta de centros comerciales, casi diría apabullante. El pionero, muy integrado en la ciudad, fue el centro comercial de las Amoreiras, hoy un clásico en decadencia. Ya son más de una docena, y repiten todos ellos un esquema muy parecido: una zona principal con tiendas de todo tipo, un hipermercado de alguna de las enseñas que operan en el país, una planta superior con 20 o 30 restaurantes de todo tipo y los multicines con los principales estrenos del momento. Esto hay que aderezarlo con una libertad de horarios total, de tal manera que permanecen abiertos hasta las 12 de la noche y sólo cierran dos o tres días al año (así pues, los domingos abren).

Según la zona de influencia del viajero tendrá a mano unos u otros: Cascais Shopping, Oeiras Park, Dolce Vita Tejo, Colombo, Vasco da Gama, Freeport Alcochete, Forum Montijo, Forum Almada,… pero son dos los más representativos, si se nos permite la sugerencia: Colombo y el Vasco da Gama. El Colombo fue, en su tiempo (y su tiempo es finales de los noventa), el mayor centro comercial de Europa. Se puede decir aquello de que se puede encontrar prácticamente de todo en alguna de sus casi 300 tiendas. Está situado justo enfrente del estadio del Benfica, y se puede llegar a través de la línea azul del metro, situado en la parada Colegio Militar-Luz. Es mastodóntico, un tanto laberíntico y uno se orienta muy difícilmente en él. Cuenta con gran cantidad de restaurantes, de muy diferentes precios, tipos y especialidades, en su planta superior. Muy recomendable para los amantes de los grandes centros comerciales. No hay nada similar en España. En 2008 ha venido a hacerle la competencia feroz el Dolce Vita Tejo, situado en la ciudad periférica de Amadora, apenas unos kilómetros de Colombo camino Sintra por la IP19.

Pero también a golpe de metro, y situado entre la estación de Oriente y el Parque de las Naciones, podemos optar por el Vasco da Gama: sensiblemente más pequeño pero mucho más respirable, tanto por su arquitectura como por el hecho de estar al pie de la Expo, del río y del puente Vasco da Gama, permitir divisar todo el pulmón que dejó la exposición universal de 1998, y el acceso a zona tan agradable para el paseo. El Vasco da Gama es lo que se dice un centro comercial cuidado, y su oferta, aunque no sea tan impresionante como la de Colombo, resulta igualmente completa. Al otro lado del río, en la llamada margen Sur, para quien pase o quien llegue o regrese a Lisboa por el puente 25 abril o quiera terminar el día en un centro comercial (sabiendo que cierran a las doce de la noche), tras un día en Caparica o Arrabida, tiene la opción del Almada Forum, al pie de la autoestrada A2, que viene a ser más de lo mismo pero, en cualquier caso, otro imponente centro comercial.

Por último, y para quien no lo conozca y sea amante de los Out-lets, al pie del otro puente, el Vasco da Gama, igualmente en la orilla sur y al lado de la población del Alcochete, está el Free Port Alcochete, un out-let de firmas de nivel medio alto con una también muy amplia oferta, y además una arquitectura al aire libre, del tipo Rozas Village de Madrid.

En fin, para todos los gustos.

TERCER Y ÚLTIMO DÍA

Salir de la ciudad

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Las guías al uso, todas ellas con muy buen criterio, a la hora de recomendar visitas o plantear excursiones a los alrededores de Lisboa, dicen que:

El litoral lisboeta ofrece tantas cosas para ver y para hacer que bien merecería una visita especial. Al oeste, colinas boscosas salpicadas de palacios señoriales se extienden hasta las acantiladas costas marítimas. Al sur, al otro lado del Tajo, se puede disfrutar de amplias playas, pintorescos pueblos de pescadores y reservas naturales protegidas.

Recomiendan básicamente los siguientes lugares, todos ellos a menos de 50 kilómetros a la redonda:

Cascáis, Estoril, Sintra, Palacio de Quelúz, Mafra, Costa de Caparica, Sesimbra, Sierra da Arrábida o Setúbal.

Y dicen lo siguiente sobre esos sitios:

…Sin duda, el primer lugar que visitar es la pequeña localidad de Sintra, cuyo centro histórico, la Vila Velha, guarda tesoros arquitectónicos imperdibles, desde las antiguas casas de origen medieval al imponente Palacio de Sintra. Apenas alejándonos del centro aparecen residencias y quintas señoriales con parques muy cuidados; entre ellos se pueden visitar el enigmático Palacio Regaleira y sus jardines, envueltos ambos en un aire de magia y esoterismo, y el Palacio de Seteais, que data del siglo XVIII y hoy es un lujoso hotel.

En las colinas cercanas, el Palacio da Pena, un castillo de cuentos de hadas hecho realidad, y las ruinas del Castillo de los Moros con sus magníficas vistas, son dos puntos de visita obligada.

Siguiendo el recorrido por la Serra da Sintra encontramos envuelto en magníficos jardines al romántico Palacio Monserrate. A modo de contraste luego de ver tanto palacio y lujo, la visita del Convento de los Capuchos ofrece otro aspecto de la vida en los opulentos alrededores de Lisboa.

La Serra da Sintra cae abruptamente en el Océano Atlántico en el Cabo da Roca, indicando el punto más occidental del continente europeo. Hacia el sur, siguiendo la costa, se llega a las turísticas Cascais y Estoril con sus famosas playas.

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El extravagante Palacio de Queluz, en la localidad del mismo nombre, con sus jardines a la francesa y su estilo barroco a menudo es referenciado como el “Pequeño Versalles” portugués.

Para completar el recorrido palaciego en la zona norte, nos queda mencionar el Palacio de Mafra, un palacio-monasterio que se levanta como un gigante en la pequeña localidad de Mafra.

La Outra Banda, la zona al otro lado del Tajo, no es tan elegante pero son muy pintorescos los poblados de pescadores, como Sesimbra y Alcochete, y las playas de la Costa da Caparica son muy populares entre los lisboetas. Tierra adentro, la frondosa Serra da Arrábida guarda el poblado de Palmela con su impresionante castillo-posada dominando el valle, y el Convento de Arrábida, un monasterio franciscano oculto entre la vegetación.
En Setúbal se puede visitar la Catedral, con sus bellos azulejos, el Convento de Jesús, tesoro gótico de la ciudad, y el Castelo de São Felipe , antigua fortaleza con forma de estrella que hoy alberga una pousada.

Nosotros poco tenemos que añadir a la propuesta y subscribimos lo dicho. Sin embargo, desde poramoralisboa.com queremos tomarnos la confianza de hacerles algunas sugerencias muy personales, que como tales las puede tomar en cuenta o, por el contrario, obrar según su libre y legítimo albedrío. Lo de las visitas a lugares de interés a los alrededores depende de la disponibilidad de tiempo. Y así, si ha ido por primera vez a Lisboa, y no le han cundido los dos días dedicados a ella, mejor patearse bien la ciudad lo que le resta de escapada y dejar  Cascáises, Sintras y demás para futuras visitas.

Ahora bien, si realmente dispone de tiempo y ya ha abarcado Lisboa, o ya está en ese momento de las “futuras visitas”, o simplemente le apetece darse una vuelta por ahí, nuestras recomendaciones:

Sintra

Visítela si dispone de toda una tarde o toda una mañana para hacerlo. Merece muy mucho la pena. Pero evite ir en sábado o domingo: está siempre a tope.

sintra

Sintra

Estoril-Cascáis

Lo suyo es cogerse el tren de cercanías en Cais do Sodré y hacerse toda la linha en tren, pues transcurre paralelo a la línea de costa y en un día soleado es un placer de viaje. Hay un paseo marítimo que une Cascáis y Estoril, son apenas tres kilómetros.  Merece la pena.

Dia de Playa

Para pasar el día en playa: Carcavelos, Caparica, Meco, Gincho, Setúbal y/o Portinho da Arrabida, según los kilómetros que quiera recorrer. Las dos últimas son más de mañana, por su orientación sur. Si no tiene transporte propio, entonces Carcavelos (en la linha a Cascais) le resultará la más accesible.

Playa de Carcavelos

Playa de Carcavelos

Óbidos y la Foz del Arelho

Si dispone de todo un día, recomendamos encarecidamente una excursión a Óbidos y a la Foz del Arelho, a una hora en coche, y desde allí regresar a Lisboa por la costa, parando en los pueblos marineros que le salgan al paso o le llamen la atención.

Óbidos

Óbidos

Para elegir dónde comer, nada mejor que preguntar, según su gusto y economía, por restaurantes de la zona al paisanaje local. Fíese, pero recuerde los horarios portugueses.

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Ha sido un puente intenso. Quien tenga esas Semanas Santas escolares de toda la semana, puede profundizar a partir de lo ya dicho. Esperamos que marchen con el deseo o la promesa de volver. Cosas por ver o por hacer en Lisboa nunca le van a faltar, sobre todo porque al tratarse de apenas tres días hemos dejado fuera barrios enteros y, sobre todo, el tiempo para dejar pasar el tiempo y limitarse a saborear.

No olvide contarnos su viaje, e incluso hacer su particular aportación de su rincón o rincones favoritos, de cara a ser seleccionados en nuestro Top Five (ver en “Un lugar en el mundo”) o de darnos a conocer uno nuevo o una diferente manera de mirar tantos otros ya conocidos.