Día entero

…Es posible que en el transcurso de un viaje por Portugal, o veraneando en algunas de sus maravillosas playas, se decida a hacer VISITA DE SÓLO UN DÍA A LISBOA. También le puede ocurrir a uno que se quede literalmente tirado en Lisboa en espera de un trasbordo o en el intervalo de una escala. Recabar una jornada en Lisboa con motivo de algún acontecimiento deportivo o musical, o en viaje de empresa. O ahora, con los vuelos de bajo coste, desde muchos rincones de España se puede ir a primera hora de la mañana y volver a última de la tarde a tomarle el pulso a muchas capitales, aprovechando un día libre entre semana, por ejemplo, por apenas 60 €… El aeropuerto de Lisboa en particular se encuentra a un tiro de piedra de la ciudad, bien comunicado en bus (no llega el Metro), aparte de que los taxis son relativamente baratos, o desde luego más que en las grandes ciudades españolas.

Sea como fuere, nos encontramos a veces en circunstancias como éstas, con sólo un día, 24 horas por delante para conocer o llevarnos una impresión de una ciudad, o bien si se trata de una ciudad que ya conocemos un día para repetir visita a aquellos rincones de los que guardamos especial recuerdo o conocer alguno nuevo. Y si bien un día no da más que para echar un vistazo, sin embargo no deja de ser una gran oportunidad para un recorrido expréss intenso y satisfactorio. Y la capital lusa, con el calzado adecuado y algo de calderilla para taxis y tranvías, resulta ser una capital más abarcable de lo que nos imaginamos.

Por eso desde aquí corroboramos que en un día se puede captar su esencia y le hacemos algunas sugerencias que le puedan servir de inspiración, sobre todo si la visita por primera vez. Pero volvemos a las mismas: déjese llevar por la ciudad.

Autobuses Aeropuerto-ciudad  (+-30 minutos)

Carris

N.º 5 – Estação do Oriente / aeropuerto / Areeiro – Sólo en días laborales
N.º 22 – Portela / aeropuerto / Marquês de Pombal – Todos los días
N.º 44 – Moscavide / aeropuerto / Cais do Sodré – Todos los días
N.º 45 – Prior Velho / aeropuerto / Cais do Sodré – Todos los días
N.º 83 – Portela / aeropuerto / Amoreiras – Sólo en días laborales

El billete puede ser adquirido a bordo. Tarifa: 1,20€

Aerobús

Todos los días, cada 20 minutos, un autobús (línea nº 91 Aerobús CARRIS) hace la conexión entre el aeropuerto de Lisboa y el centro de la ciudad, de las 07h45 a las 20h15.

El billete puede ser adquirido a bordo del aerobús.
Tarifa de bordo: 1,20€. Billete de 1 día: 3,10€

Dia entero en Lisboa

Si esa jornada comienza a contar desde PRIMERA HORA DE LA MAÑANA, entonces puede comenzar su periplo particular plácidamente sentado en un café de la Lisboa antigua. Desayuno completo: torradas com manteiga, café, pastel de nata e sumo de laranja natural, se faz o favor… No lo dude: baje a Restauradores, caminé hacia el Rossio y adéntrese al azar en la Baixa, para sentir lo que Fernando Pessoa sentía al abrir la mañana…

… En la niebla leve de la mañana de media primavera, la Baixa despierta entorpecida y el sol nace como que lento. Hay una alegría sosegada en el aire ya con buena parte de frío, y la vida, al soplo leve de la brisa que no hay, tirita vagamente del frío que ya pasó, por el recuerdo del frío más que por el propio frío, por la comparación con el verano próximo, más que por el tiempo que está haciendo.

No abrieron todavía las tiendas, salvo las lecherías y los cafés, pero la calma no es de torpor, como la del domingo; es sólo de reposo. Un vestigio dorado se antecede en el aire que se revela, y el azul se ruboriza pálidamente a través de la bruma que deshilacha. El comienzo del movimiento rarea por las calles, se destaca la separación de los peatones, y en las escasas ventanas abiertas, altas, madrugan también las apariciones. Los tranvías inscriben en el aire su chapa móvil amarilla y numerada. Y, de minuto a minuto, sensiblemente, las calles se desdesertizan.

Extracto del “Libro del desasosiego”, de Fernando Pessoa

Libro del desasosiego de Pessoa

Desayune plácidamente en el centro histórico contemplando la vida alrededor desperezarse. Luego acérquese al Mercado da Riveira, para disfrutarlo en plena ebullición en su hora punta de peces y verduras, y por el camino haga paradas en la Praça do Comercio y, ya tomada rua do Arsenal, en la Praça do Municipio.

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Tras la visita al mercado suba al Chiado,

Dice Cardoso Pires, en su “Lisboa, diario de a bordo”, que “a Lisboa se la puede definir como un símbolo. Como la Praga de Kafka, como el Dublín de Joyce o el Buenos Aires de Borges. Sí, es posible. Pero más que las ciudades, es siempre un barrio o un lugar los que caracterizan esa definición y la fidelidad a menudo inconsciente que les guardamos. El Chiado, en este caso. Su geografía cultural, su resplandor diurno, la paz provinciana de sus calles por la noche, tantas cosas, tantas cosas”.

Eche un vistazo a sus librerías, siéntese en la plaza Luis de Camoes, acérquese al mirador de Santa Catarina o de San Pedro de Alcántara, y de éste último diríjase a la Praça de Príncipe Real. Adéntrese por el corazón del Bairro Alto (rua da Atalaia, por ejemplo) y desemboque de nuevo en Luis de Camoes. Baje por rua Garret, recréese en ella todo lo que haga falta, y en la calle anterior a la rua do Carmo suba hacia el Largo do Carmo, uno de nuestros rincones topfive. En dicha placita se encuentra el corredor que da acceso al elevador de Santa Justa, que comunica la Baixa con esta colina de Chiado. Es otro magnífico mirador desde el que Lisboa ostenta fotogenia, y si le hace feliz puede bajar ya a la Baixa por el ascensor (si es que no está en reparación); si no, vuelva a perderse otro rato por el Chiado, apurando hasta la hora del almuerzo, una del mediodía hora local; y cuando se siente a la mesa dispóngase a disfrutar de cualquiera de los platos de la gastronomía portuguesa.

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Tras disfrutar del café y hacer un poco de sobremesa,  LA JORNADA DE LA TARDE bien la podría emplear en conocer Castelo y Alfama, o, como alternativa, en función de sus preferencias, Jerónimos y Belem, para lo cual tendría que desplazarse en un autobús, tranvía o taxi. Si su opción es la museística entonces le recomendamos uno de los museos que ya hemos recomendado para una visita de media jornada… pero nos tomamos la libertad de sugerirle que a, toda la ciudad en sí se exhibe como un magnífico museo al aire libre, que incluso en lo más crudo del invierno o lo más tórrido del verano se recorre sin problema, dada su privilegiada climatología. Dejé por tanto los interiores para futuras escapadas.

Sea cual sea su elección, seguro que acertada, la tarde le dará como para abarcar cualquiera de las dos zonas, Jerónimos/Belem o Castelo. Pero nuestra recomendación es seguir a pie, atravesando la Baixa, hacía el Castelo de San Jorge.

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Apenas amanece, te me apareces posada sobre el Tajo como una ciudad que navega. No me admiro: siempre que me siento capaz de abarcar el mundo, en el pico de un mirador o sentado en una nube, te veo como ciudad-nave, barca con calles y jardínes por dentro, y hasta la brisa que corre me sabe a sal… decía Cardoso Pires. Pero no, no es el único que quedaba extasiado, o simplemente dueño de su silencio, ante la vista que se abre desde el Castelo… Cardoso Pires.

Apáñeselas para desembocar en el Largo da Madalena, y desde ahí subir hacia el Castelo por la rua da Sé, para poder hacer una parada precisamente en la , la catedral de Lisboa. Seguro que para entonces se ha cruzado al menos un par de veces con el mítico tranvía 28. Tras una sosegada visita a la catedral, continúe la subida por el costado izquierdo de la misma hasta llegar al mirador de Santa Luzia. Entonces recréese con su primera imagen de Alfama con río al fondo.

Pero ya habrá tiempo más tarde para callejear Alfama. Ahora de lo que se trata es de ganarse el Castelo, un último repecho hasta llegar a su acceso principal.

Después de haber contemplado las vistas desde el castillo ya puede morir tranquilo. Claro que seguro que está ansioso por perderse en el laberinto árabe de Alfama, incluso subir hasta Graça (barrio igualmente pintoresco y elegante, pero con menos tirón que su vecina Alfama; en cualquier caso, los límites entre y uno y otro son borrosos), porque ocurre con Lisboa que cada vez que se conquista una de sus colinas a uno le entra el impulso de dominar el horizonte también desde la siguiente. Así hasta siete.

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Lisboa desde el mirador de Graça

Cuando nos queramos dar cuenta serán las ocho de la tarde. Da igual que sea primavera, verano, otoño o invierno. Y si aún dispone de un par de horas y espíritu intrépido, puede bajar a la avenida Infante Dom Henrique y coger un taxi a Jerónimos, donde llegará, si tiene suerte con el tráfico, en apenas 20 minutos. O si lo que le apetece es terminar el día haciendo unas COMPRAS, cogiendo igualmente un taxi en ese punto pero hacia la otra dirección, y también en apenas 20 minutos, se situará en el centro comercial Vasco da Gama, que además de estar situado en plena Expo y de disponer de toda la oferta de un centro comercial al uso, resulta que cierra a medianoche.

Usted mismo.

En un par de escapadas como ésta que se hagan al cabo del año, por obra y gracia del low cost, ya habrá aprehendido la ciudad. Luego ya será cuestión de volver a su lugar favorito. Y por supuesto, siempre le queda la opción de visitar algunos de los rincones seleccionados en nuestro Top Five o de descubrir uno nuevo y luego contárnoslo.

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